La condición actual de la economía europea ha inyectado incertidumbre y volatilidad en los mercados financieros internacionales. Los analistas e inversionistas dan seguimiento a los fenómenos económicos a través de indicadores diversos como el Producto Interno Bruto, las tasas de interés, el tipo de cambio o el balance fiscal de los gobiernos.

Todos estos indicadores son por supuesto importantes, pero se pierde de vista el impacto real de la crisis sobre la gente y sobre sus condiciones de vida: la pobreza, la miseria, la tristeza, la desesperanza, el miedo, la enfermedad, son algunos de los rasgos más característicos de los procesos de crisis y recesión.

La reflexión viene a colación por la reciente publicación del documento Tendencias Mundiales del Empleo 2012 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La conclusión del documento es contundente y alarmante: el mundo se encuentra ante un grave problema de desempleo y déficit de trabajo decente.

De acuerdo con la OIT, después de tres años continuos de crisis en los mercados de trabajo en todo el mundo y ante una perspectiva de mayor deterioro de la actividad económica, hay un retraso en el empleo mundial de 200 millones de puestos de trabajo, lo que significa un incremento de 27 millones desde el inicio de la crisis a finales del 2008.

Para generar un crecimiento sostenible y mantener la cohesión social, el mundo debe asumir el desafío urgente de crear 600 millones de puestos de trabajo productivos en los próximos 10 años. Sí, leyó bien, se deben de crear 600 millones de nuevas plazas cuando todavía no se solucionan los problemas que originaron la actual crisis. Hoy parecería como una tarea prioritaria no perder más empleos, por lo que pensar en crearlos se presenta como un objetivo francamente titánico.

Pero el dramatismo del mercado laboral no termina aquí. La tasa de desempleo juvenil, es decir, en personas cuyas edades se encuentran entre 15 y 24 años, prácticamente duplica el desempleo general. En el 2011, 75 millones de jóvenes se encontraban sin empleo, esto es, 4 millones más que en el 2007, antes de que estallara la crisis hipotecaria en Estados Unidos. Asimismo, el informe destaca que a escala mundial los jóvenes tienen tres veces más probabilidades de estar desempleados que los adultos; además, se estima que 6.4 millones de jóvenes han perdido la esperanza de encontrar trabajo y se han apartado del mercado laboral.

En otras palabras, todos estos jóvenes que deberían de estar generando la riqueza de las naciones hoy se encuentran sin la posibilidad de ser productivos y se han convertido en una carga económica y social. Sin lugar a dudas, el desempleo y la falta de oportunidades en los jóvenes explican directamente la escalada de la violencia y la delincuencia en el mundo.

Además, de la gente que se encuentra estrictamente sin empleo en el mundo, hay que considerar que existen 900 millones de trabajadores pobres, es decir, que viven con sus familias con ingresos inferiores al umbral de pobreza de 2 dólares por día, fenómeno que se presenta principalmente en los países en desarrollo. ¿Se imagina usted la tragedia de tener que mantener a una familia de cinco personas con 520 pesos al mes?

Más aún, de los 900 millones de trabajadores pobres, la OIT estima que en el mundo había, en el 2011, cerca de 456 millones de trabajadores que vivían en situación de pobreza extrema, lo que significa que éstos tienen que mantener a sus familias con menos de 1.25 dólares al día, es decir, con menos de 325 pesos al mes.

No cabe duda que el mayor de los retos a los que se enfrenta el mundo es el de resarcir las plazas de trabajo que se han perdido a lo largo de la actual crisis y crear oportunidades para aquellos que no han podido encontrar un empleo digno. El desempleo y la escalada en los niveles de pobreza en el mundo constituyen vergonzosamente la cara triste de la crisis.

*Manuel Guzmán M. es director ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve Por Más.