Los organismos internacionales siguen pensando que el crecimiento económico de América Latina está determinado por el modelo económico de Brasil o México. En efecto, las dos potencias del continente marcan la pauta del rumbo económico de la región, pero ahora ya no son los únicos.

El crecimiento económico de Perú debe ser el mejor ejemplo de lo que podría pasar en nuestros países si se dieran las condiciones de consenso político y una oportunidad de mercado.

En ese país se conjuntaron las voluntades políticas para hacer las reformas económicas que necesitaba la nación al mismo tiempo que se incrementó la demanda internacional de materias primas. Eso llevó al país a triplicar el tamaño de su economía en sólo una década.

La disciplina económica de Chile lo convierten un ejemplo económico para los países de la región. Y como el ave fénix, se ha levantado en varias ocasiones de su desgracia. Pudo convertirse en una economía sólida después de la dictadura militar y también pudo sobreponerse a la adversidad natural que le impuso el terremoto del año pasado.

Es un ejemplo en política comercial, laboral y de pensiones. Es un ejemplo de disciplina en su sistema financiero.

Estos dos países, sin embrago, no están creciendo de acuerdo con el modelo mexicano de crecimiento, basado en sus relaciones comerciales con Estados Unidos.

Ellos están creciendo más bien, siguiendo el modelo brasileño, que implica un incremento de exportaciones a Europa y Asia, aunado a un cambio de políticas económicas y de disciplina fiscal y monetaria.

El ejemplo es claro. Argentina, Uruguay y Paraguay no han tenido más ejemplo que Brasil para emular su crecimiento; sin embargo, su dependencia económica con las grandes regiones de América del Norte o Europa los hace crecer a un menor ritmo.

Estas economías, mientras no hagan grandes reformas estructurales, van a seguir con un menor crecimiento que Brasil, Perú o Chile.

El caso de México es que, aunque no diversifique su comercio y no haga reformas estructurales ni grandes cambios en su política económica, sigue siendo el consentido de Estados Unidos.

Nuestro vecino del norte sigue sosteniendo el crecimiento económico de nuestro país porque le conviene tenernos como vínculo con América Latina y como proveedor de las materias primas que necesita.

Mi pronóstico es que el modelo de dependencia económica con Estados Unidos no nos hará crecer. La diversificación comercial y un verdadero cambio político que nos lleve a reformas estructurales podrían, en algún momento, llevarnos a un mayor estado de bienestar económico como lo tienen ahora Brasil, Chile o Perú.

*El doctor Eduardo Carbajal es director de la Escuela de Negocios y Humanidades del Tecnológico de Monterrey, Campus Toluca. [email protected]