La crisis que vive la Unión Europea, le ha recordado al mundo la necesidad de resolver los problemas estructurales que aquejan al sistema financiero internacional.

La inestabilidad que se vive tanto en los mercados bursátiles como en el tipo de cambio, solamente conforma una parte de la historia; la que transmite los efectos negativos a prácticamente todo el mundo y en donde México no se encuentra exento de recibir el embate de dicha volatilidad.

Ante la nueva oleada de turbulencias, parece oportuno nuevamente plantear la necesidad que se tiene por fortalecer el mercado interno mexicano, el único mecanismo bajo el cual, se podrán atenuar las restricciones derivadas del cisma financiero que se inició en el 2008 y el cual continuará por lo menos hasta el segundo semestre del 2010.

Convertir al mercado interno en el motor central del crecimiento, deberá ser parte estratégica de política económica que se implemente durante los siguientes años, fundamentalmente porque el modelo exportador de manufacturas que se ha configurado en México no es suficiente para resolver los desequilibrios existentes en el país.

La eliminación de la pobreza y el fortalecimiento del mercado interno no pueden darse sin la generación de empleo permanente, bien remunerado y con prestaciones de seguridad social.

Para conseguir dicho objetivo, se debe tener un sector empresarial que tenga un marco fiscal propicio y un entorno económico estable.

Lo anterior constituye el punto de partida para realizar negocios que sean la plataforma a partir de la cual, se pueda cumplir con el compromiso social que representa distribuir la riqueza que se produce en el país, mediante el pago de salarios adecuados.

La consecuencia de tener una economía doméstica débil, sujeta a los vaivenes que provienen del extranjero ya se perciben a lo largo y ancho de México.

El incremento de la inseguridad pública no es una falacia, representa una verdad lacerante que no distingue nivel socioeconómico, profesión, credo político, edad o género, prácticamente todos los días se viven historias que desgarran a las familias que directamente sufren la ausencia de seguridad pública.

Ante la dimensión del problema, las autoridades deben evitar discursos triunfalistas y que únicamente tienen un sentido electoral.

La crisis europea recuerda dos cosas: que no existen blindajes en un mundo globalizado y que los costos sociales por implementar modelos inadecuados pueden ser muy grandes, como los vividos por México en las décadas de los 80 y 90. Para evitar una recaída se deben buscar nuevos caminos y reconocer que se tiene una ardua tarea, las soluciones no serán providenciales.

*Dr. José Luis de la Cruz Gallegos, director del Centro de Investigación en Economía y Negocios Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México.

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