El Inegi publicó que la inflación de los últimos 12 meses en México, hasta noviembre, fue de 2.2 por ciento. El nivel es muy bajo y genera voces escépticas. Sin embargo, el número es producto de beneficios extraordinarios que están por desaparecer pronto. El verdadero riesgo sobre las tasas de interés, sin embargo, no proviene de un posible disparo de la inflación, sino de las circunstancias en el exterior

Si en el próximo mundial de Rusia 2018 la selección mexicana se cuela a la final, el asombro dará lugar a toda clase de conjeturas, menos a reconocer un auténtico triunfo; así somos los mexicanos, ya sabe: rivales cómodos, fortuna, partidos comprados, etcétera. Algo similar pasa con la inflación, en un año en el que la devaluación acumulada es de aproximadamente 16% nadie cree lo que dicen las cifras; la justificación más fácil es decir que la cifra no es correcta y que no describe la realidad, otra es decir que hay manipulación de la información.

Lo cierto es que la inflación resultó baja por varias razones, unas planeadas y otras no. El gobierno se propuso dejar de alterar el nivel de precios como lo hacía en años anteriores; por ello la inflación de precios de bienes administrados y concertados sólo ha sido de 1.33 por ciento. Simplemente, la gasolina no subió lo mismo que en años pasados y las tarifas de la energía eléctrica han disminuido en promedio en los últimos 12 meses.

Otra razón entendible es la baja en los precios de la telefonía derivada de la mayor competencia. Por último, el subíndice de precios agropecuarios ha descendido de manera constante en los últimos meses en parte debido a la fuerte baja de los insumos y de los precios de commodities a nivel global. En resumen, la parte no subyacente de la inflación, aquella que tradicionalmente se toma poco en cuenta por su volatilidad, este año ha sido sorprendentemente baja.

La pregunta es si es sostenible. Desde luego que no. Tan pronto como para el 9 de febrero observaremos un retorno de la inflación anual hacia niveles cercanos a 3.0%, por el puro hecho de la desaparición del efecto de los fuertes descensos que se registraron en el inicio de este año. Si a ello agregamos la no intervención del gobierno en precios públicos, un mayor incremento en el subíndice de mercancías y una trayectoria más normal en los bienes agropecuarios, la inflación estará en cuestión de meses más cerca de 3.5% que de donde se ubica ahora.

Ahora bien, el riesgo de un rebote hacia niveles de 4.0% depende en buena parte del ritmo de crecimiento de la economía. Si hacemos caso a las expectativas, entonces es difícil que veamos un pronóstico que apunte a dicho nivel.

No obstante, hay riesgos serios sobre la mesa. El principal es que el peso pueda seguir depreciándose. La divergencia de políticas monetarias entre la Fed y otros bancos centrales apunta a un dólar más fuerte. Asimismo, la baja en los precios de los bienes básicos hace más apremiante la situación en muchos países emergentes. En especial, el descenso del precio del petróleo ha vuelto a despertar preocupaciones con respecto a México.

Por otro lado, el mercado de deuda parece entrar en conflicto, apretarse , dirían los operadores. La mala situación de empresas de energía y mineras, más algunos otros ejemplos, ha aumentado la tasa de incumplimientos en deuda privada. México, como muchos otros países, ha emitido mucha deuda en dólares durante la época de tasas bajas. El entorno de tasas al alza propiciado por la Fed sólo aumenta el riesgo de que veamos un mercado de deuda difícil.

Con todo esto, es entendible que el premio por invertir en bonos en México tenga que ser mayor. Ahí reside el riesgo con relación a las tasas. Ya sabemos que Banxico aumentará la tasa de referencia si la Fed lo hace. Pero si aparecen episodios de intensa presión provenientes de Brasil o de algún segmento del mercado de deuda global, el peso se presionará y el premio por riesgo de México (la diferencia entre lo que me paga una tasa de interés local contra lo que pagan en el exterior) tenderá a subir.

A estas alturas un servidor no sabe aún si aparecerá el famoso pass-through, es decir la transmisión de la devaluación hacia la inflación. Lo que sí parecemos ver es un escenario de presión en las tasas que puede persistir durante todo el año próximo y sacar dolores de cabeza a muchos portafolios.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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