Después del periodo vacacional, los mercados financieros se encontraron con la noticia de que se había superado el precipicio fiscal en Estados Unidos.

Cada día, y con mayor frecuencia, los inversionistas me preguntan si esto significa que pueden dormir tranquilos en el entendido de que lo más grave ya pasó en el vecino país del norte.

La respuesta es no, nada más lejano de la realidad. Quizá es necesario empezar por lo más elemental, que es definir el famoso precipicio fiscal.

Cuando se analiza la evolución del déficit público de EU, que ronda 8% del PIB, se podría pensar que el problema al que se enfrenta el gobierno es evitar que este desequilibrio se haga más y más profundo.

Curiosamente el precipicio fiscal hace referencia a lo contrario, es decir, a la drástica disminución de éste a través del aumento en los impuestos y de drásticos recortes en el gasto gubernamental.

En este sentido hay que recordar que la incertidumbre que se vivió en los últimos meses en EU tuvo que ver con las disposiciones legales para que el primero de enero de este 2013 se revirtieran de manera automática los apoyos impositivos, así como el gasto gubernamental que con su expansión ha apoyado la incipiente recuperación de la economía.

Después de un estira y afloja entre republicanos y demócratas que llevaron las negociaciones al límite de las fechas preestablecidas, se avanzó muy poco en la solución del problema fiscal de ese país.

En realidad sólo se logró avanzar en tres aspectos. El primero tiene que ver con el alza en la tasa del ISR de 35 a 39.6% para individuos que perciban 400,000 dólares o más al año y para familias que ingresen 450,000 dólares o más en el mismo periodo.

El segundo está relacionado con las inversiones, ya que aumenta el impuesto a los dividendos corporativos y a las ganancias de capital de 15 a 20 por ciento.

El último tema en el que se avanzó fue en la decisión de posponer por dos meses los recortes del sector público. De esta forma, resulta claro que los avances fueron magros y que finalmente lo único que se logró fue posponer la discusión sobre cómo se debe de solucionar el problema fiscal.

En el horizonte cercano se pueden observar tres grandes pendientes que seguramente revivirán los temores sobre la posibilidad de que la economía estadounidense se enfile al acantilado de la contracción.

Uno es el de la negociación del techo de endeudamiento, algo que se antoja complicado toda vez que los republicanos tratarán de negociar recortes más agresivos a cambio de aprobar el incremento en el techo de endeudamiento. Esto deberá quedar resuelto en la segunda quincena de enero o primera de marzo.

Otra fecha crítica es el primero de marzo, cuando se deberán de tener resueltos los recortes al gasto del gobierno.

Finalmente, queda por aprobar, a más tardar el 27 de marzo, el presupuesto 2013. Si no se llega a un acuerdo antes de esta fecha, el gobierno federal tendría que suspender algunas operaciones no esenciales, comprometiendo aún más el desempeño de la economía.

En este marco de incertidumbre, la calificadora de riesgo Moody’s advirtió sobre la posibilidad de que se recorte la calificación de la deuda soberana de EU con el argumento de que el país tiene que hacer esfuerzos más relevantes para mejorar las razones de deuda en el mediano plazo.

En el mismo sentido se manifestó Fitch, si es que en los próximos días se repite el escenario de falta de acuerdos sobre el techo de endeudamiento que se presentó en agosto del 2011 y que derivó en que Standard and Poor’s le rebajara la calificación, perdiendo la categoría de AAA.

Así las cosas, tendremos un primer trimestre todavía complicado.?

*Manuel Guzmán M. es Director Ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve Por Más.