Un nuevo concepto anda rondando las conversaciones en el ámbito financiero. Ante el aumento que han tenido las tasas de interés, en especial en Estados Unidos, debido a los asomos de una mejor situación económica, muchos flujos de inversión podrían abandonar el mercado de duda y dirigirse a mercados accionarios, provocando desplomes en los precios de los bonos; a esto se le ha nombrado La gran rotación.

Algunos colegas utilizan este concepto como argumento para justificar la entrada a la Bolsa y el abandono de posiciones en deuda. Muchos manejadores de dinero piensan en algo parecido. El comportamiento de los mercados, al menos en lo que va del año, hace evidente que hubo un desplazamiento de recursos a la Bolsa.

Sin embargo, creemos que la causa es aún lejana a la idea de una fuerte sangría en el segmento de deuda. Más bien, los inversionistas aumentaron su propensión para comprar acciones, al enfrentarse a un espectro de tasas que no van a subir y a rendimientos que aún pudieran ser atractivos en la Bolsa.

La gran rotación necesita ingredientes que, a nuestro juicio, aún no están sobre la mesa. En un primer plano tendría que haber un crecimiento suficientemente sólido que hiciera que, primero, los mercados descuenten que los bancos centrales van a cambiar de postura.

Hay que recordar que entre septiembre del año pasado y enero de este año, la postura de fuerte inyección de liquidez y emisión de dinero se intensificó en bancos que ya la había adoptado, como la FED, y apareció en otros que no la habían puesto en práctica, como en Japón. Asimismo, posturas similares proliferaron en muchos países en distintas regiones.

Varias regiones económicamente importantes se enfrentan a un entorno aún de crecimiento débil, ya sea por ajustes fiscales, procesos de solución a problemas de excesivo endeudamiento o simplemente porque ya están inmersas en una recesión. Las mismas autoridades hoy en día, a pesar del comportamiento positivo de los mercados, insisten en un esquema frágil que sostiene la incipiente recuperación.

Luego entonces, no hay en el horizonte cercano la expectativa de tal mejora en el ritmo de actividad económica, que haga que el impulso de las tasas sea mayor y violente la postura de los bancos centrales.

Otro elemento que podría provocar la rotación sería la aparición de niveles elevados de inflación. Sin embargo, de nuevo las rigideces que habrá en este año, para que las economías despeguen, serán las mismas que mantendrán bajo control y notoriamente en niveles bajos a los índices de precios.

Por último, si las tasas en un momento dado subieran descontando un posible cambio de postura en la política monetaria actual, la causa sería relevante para saber si los rendimientos serían malos en todo el espectro de las tasas o sólo en algunos segmentos.

Hay que recordar que al hablar de deuda podemos abarcar desde bonos del gobierno americano, hasta bonos basura de corporativos de alto riesgo. Si la causa de este posible descuento fuese por mayor inflación sería muy diferente a si fuese por un crecimiento más acelerado.

En resumen. Si bien el espacio para ganar dinero en el segmento de deuda se ha reducido, y será difícil ver la contracción de tasas que hubo los últimos dos años, vemos aún lejano que haya un rebote que provoque pérdidas muy elevadas. Simplemente las condiciones aún no están listas.

Más bien hay que pensar que en este año los buenos rendimientos en deuda serán más difíciles de perseguir.?

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo [email protected]

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