Los mercados financieros se han vuelto adictos a las tasas de interés bajas. Ante cualquier señal de resquebrajamiento se generan especulaciones sobre una nueva acción de los bancos centrales para evitar daños mayúsculos a través de generar condiciones de financiamiento favorables. La realidad es que la existencia de tasas de interés casi nulas por un periodo prolongado genera muchas distorsiones y aún estamos por ver si logran generar una etapa de crecimiento sostenido.

En los libros de texto, una de las grandes lecciones que dejó la época de la Gran Depresión en los años 30 del siglo pasado fue que las cosas empeoraron cuando la Reserva Federal (Fed) aumentó las tasas de interés en 1932, de ahí hasta la Segunda Guerra Mundial no hubo una situación económica favorable.

El actual presidente de la Fed, Ben Bernanke, estudioso de la materia, actuó con agilidad cuando vio el tamaño de la crisis en el 2008; en ese momento redujo violentamente las tasas de interés y no sólo eso, sino que utilizó las facultades del organismo que preside para absorber deuda de agentes con problemas.

Con ello generó una recuperación relámpago en los mercados financieros y una salida más o menos veloz de la recesión del 2009. No obstante, a mediados del 2010 los miembros de la Fed cayeron en la cuenta de que el nivel de empleo y el crecimiento no se recuperaron, más aun, volvían a caer.

En agosto del 2010 se aplicó un nuevo empujón por parte del banco central para reanimar a la economía. A través de una acción conocida como relajamiento cuantitativo, la Fed recompró títulos del Tesoro estadounidense; sin embargo, la recuperación también fue temporal.

Ahora, a raíz de los problemas que genera la crisis de deuda en Europa, el principal: una recesión en la región, ahora la Fed ha decidido dejarnos saber que no piensa cambiar su postura de tasas mínimas hasta dentro de tres años.

Además, el Banco Central en Europa y muchos otros en el mundo han decidido hacer más o menos lo mismo o están por hacerlo.

La idea básica es que la existencia de tasas de interés bajas reduce el costo financiero para los agentes endeudados, evitando que muchos se declaren en quiebra. Asimismo, quita incentivos al ahorro y estimula el uso de recursos para actividades productivas, estimulando con ello la actividad económica.

Pero lo que hemos visto hasta ahora es que las tasas bajas sólo alimentan la inflación de activos. Los ahorradores, al ver rendimientos bajos, se hacen propensos a comprar activos de riesgo en espera de una revaluación que mantenga el crecimiento de su capital.

De igual modo, el financiamiento de planes de pensiones se vuelve complicado, hay que perseguir unos pasivos crecientes con rendimientos libres de riesgo inexistentes.

Por eso en momentos en que se declaran nuevos empujes de relajación monetaria suben los precios de las acciones, de los commodities y de casi todos los activos considerados en otro momento como riesgosos. El costo de oportunidad de tomar riesgo es muy bajo.

Lo que no se ha visto hasta el momento es que este experimento repercuta en una recuperación consistente de la economía. Sólo con un crecimiento sólido se justifican los precios elevados de muchos activos. Si eso no sucede, habrá una nueva decepción y de nuevo bajas de precios.

Por lo que vemos, pasarán muchos años para probar si esta estrategia da resultado. Lo que es un hecho es que los mercados viven literalmente de esta política y de nuevo les están inyectando gasolina. Ojalá y el remedio no resulte a la larga peor que la enfermedad.

Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: [email protected] Twitter: @invexbanco.