La reunión de enero de la Reserva Federal de Estados Unidos estaba prevista como un encuentro de transición. Tras la primera subida de los tipos de interés en casi una década anunciada en diciembre, nadie esperaba que la Fed volviera a mover ficha hoy, aunque sí que mantuviera el mensaje de que la economía estadounidense se muestra lo suficientemente sólida como para afrontar un cambio en la política monetaria.

Sin embargo, ante las incertidumbres de los mercados en 2016, la Reserva Federal se ve obligada a revisar las señales que quiere transmitir en un escenario complicado. Los grandes índices de Wall Street acumulan caídas cercanas al 10% desde que empezó el año, los analistas temen la llegada de un mercado bajista (bear market) y muchos economistas alertan del riesgo de una nueva recesión.

Así, la Fed buscará hoy la manera de mantener la confianza en el crecimiento de Estados Unidos y aplacar los miedos. Según sus planes iniciales, el precio del dinero debería subir tres o cuatro veces este año para cerrar 2016 en el 1.37 por ciento. Sin embargo, algunos expertos consideran ahora que la Reserva Federal debería plantearse una nueva política de estímulos que podría pasar, incluso, por una nueva baja de los tipos.

Una opción que no parece probable, después del tiempo que tuvo que esperar la Fed antes de anunciar la subida en su último encuentro de 2015. El banco central de Estados Unidos sigue aferrándose a la solidez del mercado laboral, con una tasa del desempleo del 5% que desalienta la idea de una recesión inminente.

La inflación, en cambio, no da señales de subidas, los salarios permanecen estancados y la actividad industrial también está decepcionando. El crecimiento del mercado inmobiliario también se está ralentizando.

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