En diversas ocasiones hemos destacado la posición que hoy tiene México frente a otras economías emergentes y avanzadas que presentan fuertes desequilibrios fiscales, altos niveles de endeudamiento y escasa capacidad de crecimiento.

Atendiendo a este mejor escenario de la economía, México ha sido incluido en distintos grupos de países emergentes con alto potencial de crecimiento en los siguientes años (TIMBI, MIST, etcétera).

No obstante, es importante destacar que los países que se catapultarán a la liga de países avanzados eventualmente, deberán contar con otra característica fundamental: capacidad de atracción de inversión extranjera.

La Inversión Extranjera Directa (IED) funciona como catalizador del crecimiento económico de un país y, por lo tanto, es un elemento crucial para la generación de empleo y el incremento del ahorro. Adicionalmente, la IED constituye uno de los factores más importantes para la captación de divisas, contribuye a fortalecer la balanza de pagos y dota de mayor solidez a la moneda local.

A pesar de la relevancia de la IED, en México se han observado rigideces que han impedido captar mayores recursos del exterior -para canalizarse a ladrillos y fierros - que, por sus propias características, tienen una permanencia de largo plazo y propician una mayor transferencia de tecnología, estimulan la competitividad e incrementan las exportaciones.

De acuerdo con la Cepal, en el 2011, la IED en América Latina fue de 153,448 millones de dólares, superando en 30% el monto captado en el 2010 y en 12% el récord anterior de 137,001 millones registrado en el 2008.

En América Latina, Brasil es el país más atractivo para la llegada de recursos foráneos. En el 2011, recibió 66,660 millones frente a los 20,357 millones canalizados a México, seguido de Chile, con un flujo de 17,299 millones, Colombia, con 13,234 millones, y Argentina, con 7,243 millones.

La composición de la IED refleja la situación geográfica de México, toda vez que los recursos provenientes de EU representan cerca de 40% de la IED total.

Vale la pena destacar que la presencia de recursos estadounidenses ha disminuido de niveles cercanos a 67% en 1996 debido a la mayor presencia de países, como España, cuya inversión es la segunda más importante (30 por ciento).

Es importante tener presente que la IED en México ha encontrado una gran resistencia para superar los 30,000 millones e incluso ha cedido terreno a otros conceptos de la balanza de pagos.

Efectivamente, la IED perdió terreno frente a las remesas familiares como segunda fuente de divisas hacia el país. Fue en el 2006 cuando, por primera vez, los recursos provenientes de las remesas superaron a la IED.

A la luz de la transformación que se está presentando en el mundo, vale la pena preguntarse qué hay que hacer para que la IED incremente su importancia en los siguientes años y constituya una verdadera palanca de crecimiento económico.

La solidez macroeconómica es, sin lugar a dudas, importante y habrá que hacer esfuerzos por mantenerla pero, claramente, se tendrán que generar mayores incentivos para que la Iniciativa Privada, local y extranjera, canalice mayores recursos a la actividad productiva del país.

La competencia por la IED es feroz por la importancia que reviste para el crecimiento y la generación de empleos.

Dado que uno de los grandes retos que enfrenta el mundo es restituir todas las plazas de trabajo perdidas a lo largo de la actual crisis, es previsible que la lucha por los recursos globales sea cada día más fuerte.

Sin lugar a dudas, el mayor aliento para la IED deberá pasar por la aprobación de reformas que hagan más atractivo a México frente a países como Brasil, Rusia, India, Turquía o Indonesia.

*Manuel Guzmán M. es director ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve Por Más.