Soy de los economistas que piensan que la inflación en México es un problema superado; es decir, la inflación como un fenómeno galopante de precios que pueda derivar en hiperinflación. Esto no quiere decir que en el tiempo no se vayan a presentar presiones extraordinarias o coyunturales sobre los precios que ameriten la intervención del banco central.

En el pasado se fueron acumulando en México una serie de desequilibrios macroeconómicos que originaron que en 1987 la inflación registrara un crecimiento de 159.2%, y que llegó a ser de 176% anual en el primer trimestre de 1988, antes de empezar a descender como resultado de la instrumentación del Pacto de Solidaridad Económica.

La inflación mensual más alta que se ha registrado en nuestro país fue de 15.5% en enero de 1988, seguida por un incremento de 14.8% en diciembre de 1987 y 8.8% en abril del mismo año. Los jóvenes que hoy se encuentran en la universidad no saben de estos acontecimientos, no les ha tocado tomar un periódico en el que la noticia de primera plana sea la inflación. Cuando les pregunto a mis alumnos de cuánto es la inflación en México todos dicen alguna cifra de alrededor de 3% y, por supuesto, no entienden la razón por la que se presentaron tales desequilibrios en México.

Me parece que hemos aprendido la lección del pasado, de manera tal que si se llegaran a observar presiones estructurales que pusieran en riesgo lo ganado en los últimos años, el Banco de México actuaría con la contundencia necesaria.

En este sentido, vale la pena recordar que hace unos días el INEGI dio a conocer que la inflación en el mes de enero registró un incremento de 0.89%, muy por debajo del consenso, que esperaba un crecimiento de los precios al consumidor de 0.98%. Las presiones se originaron en los subíndices de mercancías y energía debido a la entrada en vigor de las nuevas disposiciones fiscales y al incremento en el precio de las gasolinas, impacto que fue parcialmente compensado por caídas en los precios agrícolas.

Con el incremento en los precios de enero, la inflación anual pasa de 3.97% en diciembre del 2013 a 4.48%, mientras que el indicador subyacente pasa de 2.8 a 3.2% en el mismo lapso. En los siguientes meses, seguramente seguiremos viendo variaciones anuales superiores a 4%, que es el rango superior del rango de variabilidad del instituto central.

¿Significa esto que Banco de México se prepara para asumir una postura monetaria menos laxa? No lo creo. Las presiones son coyunturales y el banco central seguramente espera que, por esa condición, se desvanezcan con el paso del tiempo. En este sentido, estoy convencido de que el objetivo para la tasa de interés interbancaria a un día se mantendrá en 3.5% por varios meses.

Sin dejar de reconocer que hay países como Brasil e India que registran presiones inflacionarias, por lo que han tenido que incrementar la tasa de interés de política, y otros como Argentina y Venezuela en donde la inflación ronda 30%, el principal problema que enfrenta el mundo, y de manera primordial los países avanzados, es la deflación, es decir, la caída de precios.

La inflación promedio en el bloque de países que conforman la OCDE es de 1.6%, por debajo de la meta general de los diferentes bancos centrales, que se ubica alrededor de 2 por ciento. En la zona euro, el fenómeno de precios bajos es más preocupante, toda vez que la inflación en términos anuales es inferior a 1 por ciento. La excepción en Europa es Inglaterra, en donde los precios al consumidor han crecido a una tasa anual de 2.7%, por lo que claramente el banco central de Inglaterra será el primer país del G7 en aumentar las tasas de interés.

La deflación tiene asociada muchos problemas, incluso más difíciles de atacar que la propia inflación. Imagine usted una situación en la que los precios de las mercancías caigan hasta el punto en el que los ingresos de las empresas no son ni siquiera suficientes para cubrir los costos fijos. En una situación como esta, la única opción es que las empresas cierren, y esto tiene un efecto altamente negativo para la economía en su conjunto.

La deflación ocasiona que los salarios nominales se incrementen más lentamente o que no aumenten, la producción se achica, los empleos escasean y la producción disminuye. El ejemplo más claro de esta situación perniciosa es Japón, en donde los precios han caído durante 15 años y la economía ha permanecido estancada. Durante los primeros años de la década pasada, los precios en Japón cayeron en promedio 0.5%; en el 2010 el fenómeno de la deflación se profundizó hasta ubicarse en -1.5%, y aunque en los últimos años se ha venido matizando, hoy la inflación es de 0 por ciento.

La lección de Japón en cuanto a la deflación es que los consumidores se acostumbran a postergar sus decisiones de consumo, toda vez que en el futuro podrán conseguir los bienes y servicios a menor costo. La actual política económica en Japón ha logrado revertir de alguna manera la tendencia deflacionaria, no así el patrón de comportamiento de los consumidores, que siguen mostrando rigideces para ejercer un mayor gasto.

Hay un problema adicional. Los bancos centrales en todo el mundo tienen como mandato primordial el combate a la inflación y para esto cuentan con las tasas de interés como principal arma. Cuando las presiones inflacionarias surgen, la postura monetaria se restringe, aumentando la tasa de interés. El problema es que no hay una herramienta de política monetaria que acabe con la deflación.

Hoy, las tasas de interés en los países avanzados son prácticamente de 0% y la inflación sigue siendo muy baja, es decir, la política monetaria ha mostrado serias limitantes para incentivar la demanda agregada, por lo que los bancos han tenido que recurrir a medidas heterodoxas que tampoco han sido del todo exitosas.

Los precios aumentarán cuando la demanda muestre un comportamiento más dinámico, y esto sucederá cuando los países avanzados logren superar los profundos desequilibrios macroeconómicos que los aquejan, lo que no se ve en el corto plazo. Por lo pronto, habrá que esperar escaso crecimiento con baja inflación.

*Manuel Guzmán M. es Director de Administración de Portafolios y Estrategia de Inversión de Intercam Grupo Financiero, ?maguzmanm@intercam.com.mx