A pesar de una inflación elevada hasta el cierre de septiembre, mantenemos la confianza en que la tasa anual en México convergerá a 4 por ciento. El principal riesgo que visualizamos proviene de lo que el nuevo gobierno intente hacer en materia fiscal.

En los 12 meses que finalizaron en septiembre, la inflación fue de 4.77 por ciento.Este resultado es muy superior al límite de tolerancia que el mismo Banco de México ha establecido de 4 por ciento.

La diferencia debería constituir un factor de preocupación entre los inversionistas, pero no es así. La mayoría de los agentes consideran que las presiones son de corte temporal y que eventualmente irán desapareciendo.

Es muy notable la evidencia. El rubro de bienes agropecuarios muestra un incremento de 16% en el mismo lapso. El fuerte incremento de los precios del maíz, el trigo y la soya durante el verano ha mostrado sus efectos en México.

Si a esto le agregamos la presión adicional resentida en los precios del huevo, producto de una escasez inusual, llegamos a la conclusión de que la presión inflacionaria, en su mayoría, ha sido producto de eventos que no podemos catalogar como recurrentes.

No existe un ambiente inflacionario en el mundo. Para estos días los precios de los granos han comenzado a descender y es probable que se normalicen en el siguiente ciclo agrícola. Por su parte, es difícil pensar que existan distorsiones similares a las que hubo con la oferta de un bien como el huevo, con mucho impacto en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que calcula el INEGI.

Por tales razones deberíamos esperar que la inflación descienda y que en un plazo de seis meses se ubique de nuevo por debajo de 4 por ciento.

Pero hay un riesgo importante. Es conocida la intención del nuevo gobierno de empezar a trabajar inmediatamente en una mejora de la estructura de las finanzas públicas. Lo que logre hacer puede tener repercusiones importantes en la trayectoria de la inflación.

Se rumora que la idea de abrir el sector energético contempla generar una menor dependencia del gobierno de los ingresos de Pemex. Y se habla de que hacer esto podría ir acompañado de la eliminación al subsidio que tiene el precio de las gasolinas. De este modo, el gobierno deja de recibir remesas por parte de Pemex pero libera recursos al establecer un precio más elevado del combustible.

Sólo que la gasolina vale cerca de 20% menos que en Estados Unidos, nuestro principal proveedor.

Un aumento de esta magnitud, por su puro peso en el IPC, implicaría un alza de al menos medio punto porcentual en la inflación general; más los efectos secundarios que generaría al aumentarle costos a muchos negocios.

Por otro lado, si el intento es por fin homologar el cobro del IVA en rubros como alimentos y medicinas, y al mismo tiempo elevar la tasa, también veríamos un impacto inmediato en la inflación.

En otras palabras, el principal factor de riesgo que tiene la trayectoria de inflación parece ser lo que decida hacer el nuevo gobierno en materia fiscal.

Ojo, si estas medidas son acompañadas con una expectativa de mayores ingresos para el gobierno y de una situación fiscal más favorable, tal vez no sean por sí solas una mala noticia, ya que se estarían generando las bases para tener un segundo motor de crecimiento fincado en mayor gasto público, sin alterar la salud financiera que tanto nos ha beneficiado.

Bien podríamos tener un brinco en la inflación al inicio del 2013; si es bien aceptado y las expectativas de crecimiento mejoran, tal vez el flujo de inversiones y la mayor fortaleza del peso que habría ayudarían al Banxico a controlar rápidamente los efectos sobre la inflación.?

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario pueden ser enviados al correo: perspectivas@invex.com.

Twitter: @invexbanco.