Acostúmbrese al tema, el nuevo grito de ahí viene el lobo… en los mercados financieros globales se referirá a la posibilidad de que surja una mayor inflación. Existen condiciones que justifican dicho temor, pero también vemos procesos estructurales que lo retrasarán, cuando menos en lo que resta de este año y tal vez los próximos.

En las últimas semanas se han registrado datos que describen una recuperación en la economía de Estados Unidos mejor a la que se anticipaba a principios del año. En Europa, la información sugiere que la recesión puede ser moderada y corta. Y aunque en China y algunos otros países emergentes se percibe una desaceleración, las tasas de crecimiento son sustancialmente altas.

Con el tema del crecimiento en franca mejoría en la percepción de los inversionistas, la atención sin duda se centrará en un posible repunte de la inflación.

Las importantes acciones de relajación monetaria que han adoptado las autoridades en casi todo el mundo intensificarían el temor de que el fuerte exceso de dinero se traslade eventualmente a un aumento de precios.

En lo que va del año hemos visto repuntar a los precios de la mayoría de los bienes básicos. En especial, el precio del petróleo registra un alza de 16% en lo que va del 2012 y, por ende, los precios de las gasolinas en EU y otros países desarrollados han aumentado en la misma proporción.

El último síntoma visto en el mismo sentido es un repunte de las tasas de interés de largo plazo. La tasa del bono a 10 años del Tesoro de EU aumentó aproximadamente 30 puntos base en cuestión de días.

Desde nuestro punto de vista falta mucho para ver una auténtica presión de precios en bienes y servicios, tanto en el ámbito internacional como en el nacional. Los pequeños brotes de crecimiento están aún distantes de representar una presión que provenga de una demanda elevada.

Prueba de lo anterior es la estabilidad en niveles muy bajos de la inflación subyacente (aquella que excluye los incrementos de precios en energía y alimentos por considerarlos volátiles) en la mayoría de los países desarrollados. En promedio, la inflación subyacente en los países del G-8 se aproxima a 1.0 por ciento. En EU este rubro registra estabilidad sobre niveles muy cercanos a 2 por ciento.

En dichos países (EU, Europa, Japón y Reino Unido) seguirá conteniéndose la inflación debido a la debilidad estructural, los elevados niveles de capacidad no utilizada y de desempleo.

En los mercados emergentes la historia puede ser otra. La estabilización de los precios de bienes básicos del semestre pasado ayudó a mantener la inflación a raya. No obstante, los niveles de capacidad utilizada en muchos casos son elevados y ello puede detonar de nuevo inflaciones más altas.

En general, si la historia de recuperación va a ser lenta, será difícil que haya una presión inmediata sobre los precios, aunque eso quisieran ver las autoridades.

Los bancos centrales en países desarrollados reconocen esta dificultad y sostienen pronósticos de una inflación moderada y de tasas de interés muy bajas por un tiempo prolongado, más allá de este año. Incluso en los países emergentes, las recientes acciones de los bancos centrales de China, India y Brasil apuntan en el mismo sentido.

Aquí en México, nuestro banco central también advierte que la brecha del producto es aún amplia.

En resumen, si escucha que ahí viene la inflación, debería pensar en una situación de crecimiento estructuralmente más sana, algo que está todavía muy lejos de que suceda en el mundo en general.?

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de Invex. perspectivas@invex.com. ?Twitter: @invexbanco