La semana pasada nos preguntábamos cuál sería el siguiente factor que perturbaría a los mercados. El mismo día en que se publicaba el artículo­ caíamos en la cuenta que los problemas de la zona euro no se habían solucionado y los sucesos posteriores dibujan un panorama difícil para los mercados financieros.

Como apuntábamos, el gran paquete de rescate anunciado no fue suficiente para solucionar los problemas de la zona euro. Sin embargo, nos equivocamos en afirmar que el temor de una desarticulación de los mercados en Europa se había erradicado. ¿Qué pasó? Simplemente los inversionistas no ven viabilidad aún en las economías afectadas y asumen que un evento de default o reestructura de la deuda sigue siendo la única solución.

Eso por un lado. Pero las autoridades en Alemania se encargaron de atizar el nerviosismo de los inversionistas al establecer una serie de mecanismos para prohibir las operaciones especulativas en sus mercados sobre instrumentos de deuda soberana y sobre las acciones de sus principales bancos.

Las autoridades prohíben las ventas en corto, es decir, operaciones de cobertura en que un inversionista vende un activo sin poseerlo. La medida asume que, a través de estas operaciones, los inversionistas apuestan a una caída adicional en dichos activos. En cierto sentido es una medida popular y responde a las acusaciones que las autoridades en Europa hacen en contra de los mercados financieros.

Como bien afirman algunos, esto ataca una consecuencia de la crisis y no su causa. Lo importante, sin embargo, es la señal que envían a los agentes a nivel global sobre la posibilidad de mayores restricciones en ese sentido.

Algo que sí podría echar el último puño de tierra sobre la recuperación de los mercados financieros.

Sabemos que en Estados Unidos se discuten modificaciones a la regulación para impedir a los bancos aportar capital a actividades de inversión por cuenta propia (especulación a final de cuentas). Ahora vemos a Alemania restringiendo cierto tipo de operaciones. Hay un justificado temor de que, a consecuencia de los acontecimientos de los últimos tres años, los gobernantes estén dispuestos a ejercer más control sobre las actividades del sector financiero. Ello implicaría un encogimiento de los mercados.

Con mercados más chicos y un menor flujo de especulación financiera, así como entidades sumamente vigiladas, la capacidad y el costo de financiar actividades de corretaje será mayor. Ello tendría un impacto directo en el valor de cualquier activo.

Sólo basta recordar que la causa de los incrementos excesivos en el valor de los activos en la mayoría de los casos tiene su origen en el aumento de la capacidad de apalancamiento de los compradores. Si los inversionistas no pueden apostar en cualquier sentido, si sus activos no les son útiles para abrir posiciones en otros rubros, si los intermediarios no pueden o no quieren financiar operaciones de este tipo, será muy difícil ver que el precio de las acciones, bonos y otros instrumentos, así como de las casas, suba como lo hicieron en las últimas dos décadas, hasta hace tres años.

La vuelta de los mercados al rally de ganancias que veíamos hasta hace mes y medio luce más sombría desde este punto de vista. En el segundo semestre, la situación de crecimiento parece no ser tan optimista y, por otro lado, es muy probable que las autoridades impongan su mano controladora sobre los mercados. Esto último no es necesariamente malo, pero tiene que hacernos pensar en que tardarán en volver los rendimientos espectaculares.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de Invex.

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