Durante los meses siguientes a la crisis financiera del 2008, Bill Gross y Mohammed El’Erian, principales ejecutivos de la firma PIMCO, el principal manejador de activos de deuda del mundo, plantearon un nuevo estatus para la economía estadounidense al que denominaron como la nueva normalidad .

En términos llanos, implicaba la idea de una economía con un proceso largo de desendeudamiento y de restitución de empleos y riqueza para las familias. Este proceso, que duraría posiblemente hasta décadas, llevaría implícito tasas de crecimiento bajas y la nula expectativa de volver a los momentos de jauja de la década previa a la crisis.

En las jornadas recientes, vemos a los inversionistas a nivel global nerviosos con relación a información sobre el crecimiento estadounidense que no es favorable, se ubica por debajo de las expectativas. Asimismo, la Reserva Federal (Fed) ha expuesto la primera señal de que su postura ultraexpansiva podría comenzar a revertirse en el futuro, al decidir no renovar el programa de recompra de activos financieros conocido como Quantitative Easing 2.

A raíz de estas circunstancias, hay quienes temen que la desaceleración en la economía estadounidense implique el riesgo, de nuevo, de periodos de estancamiento e incluso de decrecimiento en algún trimestre. Posiblemente sean los mismos que extrapolaron la tendencia positiva del cierre del año pasado para asumir que Estados Unidos crecería a tasas muy superiores a 3% durante el año.

En realidad, pensamos que lo que vamos a presenciar será una situación de crecimiento modesto y quizás desesperante: posiblemente, la nueva normalidad de la que hablaban los funcionarios de PIMCO.

Esta situación no es necesariamente mala. Implica la continuación del proceso de recuperación de la economía, simplemente sin la aceleración que otorgaban los impulsos monetarios extraordinarios. Estimamos que el crecimiento en Estados Unidos puede ubicarse entre niveles de 2 y 3% para el año.

Lo anterior no implica una situación boyante pero garantiza que el ritmo de mejora en la situación del empleo y del consumo puede mantener su trayectoria. Asimismo, en colaboración con la persistencia de condiciones financieras favorables, debería propiciar que prosiga el fortalecimiento del sector industrial estadounidense.

Si en los mercados financieros vemos que los commodities revierten su tendencia y que por el momento las bolsas se muestran débiles, no necesariamente implica la proyección de las actuales pérdidas hacia todo el resto del año.

En especial para los índices de Bolsa puede mantenerse la tendencia de alza si las empresas siguen teniendo resultados positivos aún dentro de un escenario de crecimiento menos entusiasta.

En el caso de México, la concreción de esa nueva normalidad tampoco implica malas noticias. Posiblemente, bajo ese escenario se sostenga la perspectiva de un crecimiento entre 4 y 5% para todo el año, tal y como lo han confirmado diversas autoridades en los últimos días.

Hay que recordar que la dinámica del PIB de nuestro país está muy relacionada con el comportamiento del sector industrial estadounidense, el cual es el que mejor se ha comportado hasta ahora. De igual modo, no podemos dejar de reconocer que la persistencia de estabilidad en las variables financieras por casi dos años está reviviendo de manera incipiente el crédito y el consumo en nuestro país.

En conclusión, el mal comportamiento de los mercados debiera ser temporal, en lo que se disipan ciertos elementos de riesgo y los inversionistas se dan cuenta de que la pérdida de impulso en el crecimiento no se concretaría en un entorno de extrema debilidad.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de Invex. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: [email protected]