El desempeño de las principales economías del mundo pierde fuerza y la percepción de los inversionistas se ve ensombrecida por numerosos factores de riesgo. La salida de esta situación no será fácil, puede tomar años y requiere decisiones de política cuya adopción no ofrece incentivos a las autoridades.

Los datos económicos publicados en los últimos días no son favorables.

Poco a poco la información sugiere una pérdida de velocidad en la recuperación. Ésta no sólo responde a la aversión al riesgo que se generó por los problemas de deuda en Europa, también tiene que ver con el retiro paulatino de programas de apoyo derivados de la crisis del 2008.

A final de cuentas, los inversionistas globales están cayendo en cuenta que no era suficiente que los mercados se dispararan para retroalimentar una recuperación que se cimentó sobre graves distorsiones como lo son los elevados déficit fiscales y la expansión monetaria.

En algún momento equiparamos la expectativa que tenían los agentes en los mercados acerca de la recuperación con una anécdota de la película Forrest Gump.

En la cinta, el pequeño Forrest, un niño con problemas motrices serios, que tenía que caminar ayudado por aparatos ortopédicos aparatosos, termina corriendo más que nadie en su pueblo. Un simple día, intentando correr, Forrest destruye los aparatos de soporte y sigue corriendo cada vez a mayor velocidad.

Siempre me venía a la cabeza esta imagen de Forrest dejando atrás sus soportes al correr cuando leía o escuchaba a colegas hablar de cómo la recuperación económica en Estados Unidos se podría sostener, incluso a mayor velocidad, una vez que las autoridades le quitaran los apoyos.

Bueno, eso ya vimos que no pasará. La acción que tomen las autoridades para reducir el elevado déficit fiscal, su endeudamiento, y la elevada liquidez afectará la tendencia de crecimiento. En este caso, Forrest no seguirá corriendo, sino todo lo contrario.

Este regreso a la realidad además se ve ensombrecido por varios factores que pueden agravar las cosas en los mercados.

La situación en Europa no termina. Esta semana volvimos a ver como las mismas agencias calificadoras redujeron fuertemente la calificación a Grecia asumiendo de manera tácita que es muy difícil que pueda pagar su deuda con todo y el apoyo de la comunidad.

El caso del derrame de petróleo en el Golfo de México está comenzando a afectar a los mercados. La acción de British Petroleum (BP) ha caído más de 50% del valor que tenía a principios de mayo.

Las demandas tanto del gobierno estadounidense, como de muchos particulares son tan cuantiosas que podrían llevar a la empresa a buscar la protección de las leyes de bancarrota en Estados Unidos.

Pero BP no es cualquier empresa. Es la empresa con mayor número de empleados en el Reino Unido. Su deuda suma una cantidad muy relevante que inunda muchos fondos de pensiones en dicho país.

Es la empresa con mayor peso en el índice FTSE de Londres. No en balde los mercados actúan con nervios ante la catástrofe que amenaza con destruir a la empresa.

Por último, hay un riesgo latente en la situación financiera de algunos estados y municipios en Estados Unidos; algo que no termina de aflorar, pero que podría hacerlo este fin de mes en que se cierra el año fiscal de muchas entidades. Simplemente algunas se verán obligadas a pedir ayuda o a aplicar fuertes recortes de gasto.

Con todo esto no podemos esperar que los mercados sostengan rachas importantes. Estos factores no se solucionarán pronto y es probable que los rendimientos tiendan a ser poco cuantiosos en casi todos lados por un buen rato. Tenga cautela.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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