Si usted está leyendo este artículo, seguro tiene un trabajo. Ya sea en periódico o en Internet, usted tiene la posibilidad económica de informarse dado que generó un ingreso laboral en un mes, que le permite pagar el precio del ejemplar o la renta del Internet.

Pero en este país -y en buena parte del mundo- el desempleo es la tónica de la economía. Sí, ya sé, usted me dirá que no soy congruente con los anuncios de la Secretaria del Trabajo y la Secretaría de Economía que dicen que en el año se han generado cerca de 300,000 empleos. La verdad es que sí se han generado, pero la mayoría son empleos temporales y con bajos ingresos.

Para no sentirnos tan solos en esta crisis del empleo, podríamos citar el caso de ciertos países europeos y en especial el de España.

En ese país, el nivel de paro o desempleo está en los más altos niveles en su historia moderna. Con casi 5 millones de españoles en el desempleo, lo que representa que más de 20% de las personas en edad de trabajar no lo hace, la economía se encuentra en un riesgo muy alto de caer en recesión.

Ni los apoyos de la Unión Europea podrían ahora evitar que España resuelva su problema de deuda sin un aparato productivo que respalde a la economía.

Un dato interesante de la economía española es que 90% de los empleos perdidos en el último año, corresponden a personas menores de 35 años, y los seguros de desempleo ahora se expiden con plazos mayores a seis meses dado que no se recupera el empleo en el mismo año que se perdió. Hay que aprender de España para no hacer lo mismo.

En México, aunque se niegue el problema de desempleo, sigue siendo uno de los principales retos de este y los próximos gobiernos.

Mientras no haya una reforma laboral estructural acompañada de programas económicos de fomento al empleo y estímulos fiscales para las empresas privadas, seguiremos recibiendo cifras oficiales extrañas por parte del gobierno.

Es verdad que ya pasaron las épocas gloriosas de cuando los grandes sindicatos defendían con sangre y lágrimas las causas de sus agremiados y sus líderes de desgarraban las ropas por los derechos de sus representados, pero eso no significa que nadie defienda la dignidad de los empleos y de los salarios dignos.

Lo único que podría hacer que el Día del Trabajo fuera un día de celebración, sería con más y mejores empleos en México y en el mundo. Si no, seguirá siendo un día más para no trabajar.

*El doctor Eduardo Carbajal es director de la Escuela de Negocios y Humanidades del Tecnológico de Monterrey, Campus Toluca. [email protected]