Te saludo con gusto, estrenando horario en esta ocasión. Y ya que estamos en esto de la crónica de commodities, permíteme entrar de frente con el acontecer de los commodities más sazonados por la etapa critica en la que están. Para ser puntual, hablaremos de los commodities agrícolas, esos que están de una manera u otra en la dieta diaria y que, voluntaria o involuntariamente, tienen un impacto en tu bolsillo más allá de que participes en la cadena de suministro que los produce y/o procesa.

Hablaremos, pues, de maíz, soya, sus derivados y trigo, que en mucho son el componente en la canasta agrícola del mundo, sin olvidar al arroz pero sin considerarlo pues sus ciclos son diferentes.

Y, para que veas por dónde vamos, éstos son los tiempos en los que Estados Unidos finaliza el cultivo de verano para recogerlo a la entrada del otoño, la madurez del maíz está a punto y el de la soya, llegando al momento de no retorno.

Tal vez, si lees constantemente noticias agrícolas, te haz dado cuenta de que, básicamente, Estados Unidos ha recortado sus estimaciones productivas de maíz en un total de casi 100 millones de toneladas. Lógicamente, cifras de esa índole son enormes; para contexto, sólo imagina que representa, al menos, cuatro veces lo que México produce por año de maíz.

De ese tamaño fue la sequía de este verano del 2012, que pasará a la historia como una de las peores jamás vistas.

La baja en producción, lógicamente, obliga a que los balances de existencias y necesidad tengan que ser ajustados. Si ya estas pensando un paso más adelante, la idea es que hay menos y, si hay menos, por ende, hay que limitar el consumo.

El mercado de granos y oleaginosas está en una secuencia muy intensa de incremento en precios y la intención es simplemente buscar a toda costa frenar la demanda, cosa que suena más fácil de lo que es, pues estamos hablando de alimentos, cosas básicas difícilmente sustituibles.

El incremento de precios en commodities agrícolas pegan en el mundo de diferentes maneras y esto, para mucha gente, abre de nuevo el debate inconcluso que aboga por que la comida no sea procesada como combustible. Eso es gracias a la liga energética del maíz con la producción de etanol y la soya, vía su aceite para hacer biodiesel.

Sólo para que pongamos esto en contexto, la industria del etanol consume casi 40% del maíz estadounidense, dejando una cifra similar para exportación y el resto, para consumo interno en usos varios.

Los grupos que levantan la voz para que el maíz en años críticos, como el presente, sea canalizado con prioridad como alimento crece en situaciones como las que vivimos en la actualidad; sin embargo, este debate en sentido estricto no llega lejos pues hay una capa de burocracia amplia que romper antes de alterar o modificar el mandato de mezcla en gasolinas. Y es, sin duda, un tema complicado de administrar.

En muy breve, estaremos abandonando el ciclo productivo estadounidense para concentrarnos en el sudamericano. Estamos a no más de dos semanas de iniciar la siembra en Brasil Argentina y países periféricos y, estando en donde estamos, el clima debe ser simplemente excepcional para Sudamérica.

De lo contrario, entraremos en una problemática alimenticia de pronóstico reservado en el mundo. Tenemos pocos inventarios a la mano y no hay espacio de error así que, si no te había llamado la atención lo explosivo que será el trato en commodities agrícolas, te recomiendo ampliamente que hagas un planteamiento serio en ese sentido porque, según veo, la producción estadounidense se puede hacer menor aún.

Ten mucho cuidado con los precios agrícolas, estamos en ámbitos sumamente volátiles y, si en ellos pretendes adivinar el precio, pagarás las consecuencias. Sé prudente, administra tus riesgos, cúbrete con derivados y déjale los errores a alguien más. Ánimo

[email protected]