El gigante asiático se está desacelerando, lo que es una mala noticia para el mundo, que esta urgido de un catalizador que posibilite salir cuanto antes de la actual crisis económica que cumple ya cinco años

De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas, la economía china creció 7.7% en términos anualizados en el cuarto trimestre del 2013, ligeramente por debajo de 7.8% que se registró en el trimestre inmediato anterior. Para todo el 2013, la expansión de la segunda economía más grande del mundo fue de 7.7%, por encima del estimado oficial de 7.5 por ciento.

El dato evidentemente fue recibido con desencanto por parte de los mercados financieros, particularmente el bursátil, que se ajustó prácticamente en todo el mundo. El magro crecimiento de China en el 2013 tiene diferentes aristas de interpretación.

Desde el punto de vista estadístico, resultó el menor crecimiento en prácticamente 14 años; se consolida una tendencia descendente de tres años después de tres décadas en las que la economía se expandió a una tasa de dos dígitos. En el 2011 parecía que China retomaba la tendencia del crecimiento, toda vez que en el primer trimestre creció 9.4%; en el segundo, 9.6%, y en el tercero, 9.7%; no obstante, a partir del cuarto y hasta el 2013, la actividad económica se expandió a tasas inferiores a 8 por ciento.

A principios de la década de los 80, China tuvo que adoptar una serie de reformas que permitieran un mayor crecimiento y una mayor generación de empleos. En un país con una población de 1,400 millones de personas, el crecimiento económico como un mecanismo para mitigar la pobreza extrema se convirtió en un asunto de seguridad nacional.

El proceso de reforma que se conoció como política de puertas abiertas contó básicamente con dos pilares, el gasto del gobierno y la promoción de las exportaciones, lo que permitió que la economía se catapultara a la expansión de dos dígitos desde finales de los 80, cuando se sintió el impacto pleno de las reformas.

Ahora, China enfrenta un reto inmenso que consiste en hacer precisamente lo contrario que hace 30 años, es decir, disminuir la injerencia del estado en la actividad productiva y fortalecer la economía de mercado, la inversión privada y una mayor flexibilidad de los mercados financieros. Por otro lado, hoy el gobierno busca promover un mayor fortalecimiento del mercado interno a costa de las exportaciones.

En principio, las reformas que se han venido instrumentando recientemente buscan un crecimiento de mayor calidad y sostenible en el largo plazo, aunque claramente habrá que a ver a China con otros ojos. Por lo pronto, tendremos que olvidarnos de aquellos crecimientos explosivos y acostumbrarnos a tasas más modestas, como la observada el año pasado. De hecho, es probable que en algunos días el gobierno chino nuevamente anuncie como meta para este 2014 un crecimiento de 7.5 por ciento.

La mala noticia es que los mercados financieros seguirán mostrando una alta volatilidad ante este aterrizaje gradual de la economía china, que en las últimas décadas ha sido el motor de la economía global.

La preocupación del mundo está relacionada con el impacto que la desaceleración tendrá en el precio de commodities y materias primas que a lo largo de los últimos años habían sido altamente demandados por el dragón de Asia. El menor vigor de China necesariamente se reflejará en el descenso de las cotizaciones de muchos productos que se negocian a nivel internacional.

Por lo pronto, el Banco Popular de China jugará un papel relevante para evitar un desempeño desordenado de la economía y de los mercados financieros de esa nación. En este sentido, recientemente el Banco Central de China decidió hacer una inyección de liquidez a los bancos comerciales por 255,000 millones de yuanes (42 billones de dólares), así como expandir las facilidades para acceder al crédito y evitar el deterioro de la actividad productiva.

A principios de la semana, la tasa de interés interbancaria tuvo un incremento muy importante, que ameritó la intervención decidida del instituto central con el propósito de inducir la disminución de las tasas y apuntalar la confianza de los agentes económicos.

Habrá que estar muy atentos de la forma en la que el gobierno de Pekín replantea su modelo de crecimiento y del impacto que esto tendrá en la economía mundial y en los mercados financieros.

*Manuel Guzmán M. es director de Administración de Portafolios y Estrategia de Inversión de Intercam Grupo Financiero, [email protected]