Nuevamente, los mercados financieros vivieron jornadas de gran volatilidad la semana anterior, como resultado de una serie de eventos que se suscitaron en Europa. Quizá sería importante hacer un repaso de estos eventos, que al presentarse de manera simultánea acabaron por conformar la tormenta perfecta.

En el centro de la atención se encuentra España y su profunda debilidad estructural; es decir, altos niveles de endeudamiento, desequilibrios fiscales, pobre crecimiento y un desempleo galopante. A esto hay que sumarle la creciente vulnerabilidad de su sistema bancario, que amenaza con distraer mayores recursos fiscales a fin de incrementar sus niveles de solvencia.

Los inversionistas han percibido esta condición de mayor riesgo estructural, lo cual se ha traducido en el fuerte incremento en las primas de riesgo de los seguros contra el impago de deuda (CDS por su sigla en inglés).

En los días de mayor incertidumbre, los CDS se llegaron a ubicar en 610 puntos, lo que quiere decir que un inversionista que quisiera cubrir 10 millones de euros en bonos a 10 años, tendría que desembolsar 610,000 euros al año.

Hay dos temas relevantes a este respecto. Por un lado, la tendencia de los CDS es francamente ascendente y no se sabe en dónde pueda parar.

Al cierre de abril, los CDS se ubicaron en un nivel de 431 puntos, lo que supone un incremento de 30% en un mes.

La perspectiva de España se agravó luego de que la semana pasada la firma británica Strategy Economics aseguró en un reporte de investigación que era más factible que España dejara la zona euro que la propia Grecia.

Los argumentos son varios, sin embargo, dos son los más relevantes: a) que España no tendría la capacidad financiera para cumplir las exigencias que le plantearían los prestamistas internacionales para poder otorgarle un paquete de ayuda que se percibe como muy cuantioso, y b) a diferencia de Grecia, el modelo económico de España es más robusto y sostenible fuera del euro.

Aunque a muchos pareció extremista esta posición, lo cierto es que abonó a la posibilidad de que España abandone la moneda única. De esta forma, la situación del país ibérico sigue siendo el foco de atención de los inversionistas junto con la desaceleración económica de Europa en su conjunto.

En este sentido, hay que destacar que el PMI manufacturero de la zona euro se ubicó en 45.1 puntos en mayo, por debajo de los 45.9 puntos de abril, y debajo de la frontera de los 50 puntos, nivel que divide el ciclo económico entre expansión y recesión, además de representar el nivel mínimo de los últimos 36 meses.

Cuando se revisa la evolución industrial por países, hay algunos temas que son reveladores. Alemania y Francia, que son considerados como los motores de Europa, registraron un PMI ligeramente por debajo de 50 puntos, aunque la mayor sorpresa viene por el lado de los países que se encuentran en el sótano.

Por primera vez desde enero del 2010, Grecia dejó de estar en la última posición de la tabla de clasificación del PMI, siendo remplazada por España. El problema es que España es una economía significativamente más grande que Grecia, por lo que podría arrastrar a toda Europa a una profunda y larga recesión.

Aunado a lo anterior, la oficina de Estadísticas de Europa, Eurostat, dio a conocer que la tasa de desempleo de la zona euro se ubicó en 11% de la población económicamente activa al cierre de abril. Si bien esta tasa se mantuvo en el mismo nivel que en el mes previo, y en el mayor nivel desde que existe el euro y se compara negativamente con 9.9% que se registró en el mismo mes del 2011. España nuevamente encabezó esta lista con una tasa de 24.3 por ciento.

España, y en general Europa, seguirán siendo fuente de incertidumbre y volatilidad. En este contexto, la prudencia es lo más recomendable. Como dice el refrán cash is king .

*Manuel Guzmán es director ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve por Más.