España colocó el jueves bonos por 3,992 millones en euros aprovechando intereses mayoritariamente en baja, pero esta relajación del mercado no oculta las sombrías perspectivas del país, que debería incumplir de nuevo su objetivo de déficit, advirtió el gobernador del Banco de España.

Mientras en Eslovenia el Banco Central Europeo (BCE) celebraba su reunión mensual, el Tesoro español vio caer los intereses exigidos por su deuda a dos años (3.282% frente a 5.204%) y a cinco años (4.766%, frente a 6.459%), respecto a los niveles de la última emisión similar, realizada el 19 de julio en un momento de máxima tensión en los mercados.

Estos temen que España, cuarta economía de la eurozona, se vea pronto incapaz de financiarse por sí misma y presionan para que solicite un rescate a Europa.

"El problema más urgente al que se enfrenta la economía española es recuperar la confianza de los mercados", reconoció el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ante el parlamento español.

Linde dibujó sin embargo unas perspectivas sombrías, alertando del riesgo de una nueva desviación presupuestaria en 2012 y de una recesión mayor de lo previsto para 2013.

"La información actualmente disponible, para (el déficit de) el Estado hasta el mes de agosto, indica que existen riesgos de desviación del objetivo fijado para este año, 2012", afirmó.

Una nueva desviación del déficit español se sumaría a la ya registrada en 2011, cuando alcanzó 9.4% en lugar del 6% prometido.

Linde puso también en duda las previsiones de crecimiento del gobierno: "una caída del 0.5% del Producto Interior Bruto en 2013, es ciertamente optimista, en comparación con las previsiones que manejan ahora la mayoría de organizaciones internacionales y analistas, situadas en torno a una caída del 1.5 por ciento".

De confirmarse, esto contribuiría a agravar el temor de unos inversores que en las últimas semanas se habían relajado gracias al anuncio de medidas de apoyo por el BCE, pero ya muestran signos de impaciencia ante las reticencias de España a pedir la ayuda.

Así, en el tercer plazo de deuda emitido este jueves, a tres años, el interés aumentó ligeramente, a 3.956%, frente al 3.845% de la precedente emisión comparable, realizada el 20 de septiembre en un contexto de relajación tras el anuncio del BCE.

Tras haberse implicado en la lucha contra la crisis de la deuda en la eurozona el mes pasado, el BCE dejó el jueves sin cambios su principal tasa, en 0.75%, y los analistas no esperaban nuevos detalles sobre su programa de apoyo.

Aunque el presidente del gobierno español, el conservador Mariano Rajoy, volvió a repetir esta semana que la solicitud de un rescate global para su economía no es inminente, todos esperan un gesto de su parte.

"Los inversores siguen a la espera de conocer cuál es la decisión que finalmente adopta el gobierno de España en relación a una posible petición de ayuda para que tanto el BCE, en el mercado secundario, y los fondos de rescate europeos, en el primario, le permitan reducir sus elevados costes de financiación", señala la firma de corretaje Link Securities en un informe.

"En este sentido, el mes de octubre es una 'prueba de fuego' para el gobierno español, al afrontar nuestro país vencimientos de deuda soberana por importe de 30,000 millones de euros", afirma.

"Es posible que antes de tomar una decisión el ejecutivo español espere a comprobar si los mercados se muestran dispuestos o no a financiarle dichos vencimientos", agrega.

La apuesta implica sin embargo riesgos, advierte Daniel Pingarrón, analista de la firma de corretaje IG Markets.

"A los mercados les gusta mucho la seguridad que da el rescate, quieren que España lo pida, está claro, así que van a recompensarla si lo pide y a castigarla si espera demasiado", considera.

El problema es que a las reticencias españolas se suman las de algunos socios europeos, como Alemania, Finlandia u Holanda, señala.

Un tema que estará muy probablemente sobre la mesa de la reunión que Rajoy tiene previsto mantener el viernes en Malta con el presidente francés Franóois Hollande y el primer ministro italiano Mario Monti, al margen de un encuentro con otros siete países de la cuenca mediterránea.

RDS