Al parecer entre los agentes económicos hay cierta concordancia en que la caída del crecimiento que se registra desde el primer trimestre, y que se agudizó en el segundo, tiene algunos elementos de corte temporal.

Al menos en las recomendaciones de las principales corredurías, incluida Invex, la premisa es que habrá un crecimiento positivo en el segundo semestre y que los inversionistas no estarán manifestando el temor que ahora se refleja en los mercados.

No obstante, ésta no es la única razón del miedo de los inversionistas. Hay otros factores que en estos momentos alteran las decisiones de inversión y provocan una entendible cautela.

Dos resaltan. La primera es la crisis relacionada con la deuda Griega.

Las autoridades de la comunidad europea simplemente no logran ponerse de acuerdo en un plan de financiamiento que satisfaga las necesidades de Grecia y la visión de los inversionistas. Nadie quiere asumir pérdidas relevantes y mientras se ponen de acuerdo la situación se agudiza.

En los mercados se descuenta ya con una probabilidad de 75%, implícita en las cotizaciones de los seguros contra incumplimiento, que habrá una reestructura de la deuda soberana griega.

Esto implicaría, como ya hemos explicado en otras ocasiones, reconocer un intercambio por una deuda de menor valor, así como mejorar las condiciones de plazo y tasa de interés.

Por supuesto que esta solución no le gusta a nadie en el sector financiero de la región. Muchos bancos, sobre todo de Alemania y Francia, tienen importantes posiciones en deuda de Grecia. Su situación en la era poscrisis no es tan sólida como para aguantar la minusvalía que implica una quita.

Es correcta la percepción de que el tamaño de la deuda griega es relativamente pequeño, pero es muy equivocado asumir que un evento de reestructura no afectará al sector bancario e implicará un costo para los gobiernos de la región y un posible efecto de contagio si las cosas no se hacen correctamente.

El segundo tema que genera fuerte nerviosismo es el asunto de las finanzas públicas de Estados Unidos. Las autoridades en el Congreso tienen una pugna visible sobre autorizar el aumento en el techo de endeudamiento estadounidense, mismo que fue alcanzado en semanas recientes.

Por supuesto que la carga política del asunto es mucha. Plantear un mayor techo de endeudamiento sin hacer nada en la tarea de corregir el déficit fiscal en el mediano plazo podría ser muy costoso. Las agencias calificadoras amenazan con realizar reducciones al grado de calificación de la deuda soberana de Estados Unidos.

Entonces, en el plazo entre ahora y el 2 de agosto, los partidos en el Congreso se tienen que poner de acuerdo no sólo en imponer un mayor techo de endeudamiento, sino en proponer un plan de saneamiento de la cuenta pública que implica, como todos sabemos, restricciones al gasto o aumento de impuestos; nada agradable también en estos momentos en que la recuperación flaquea.

Estos dos factores no tendrán una solución definitiva en los próximos días. Tampoco el temor relacionado con el crecimiento se desvanecerá pronto, ya que necesita que pase el tiempo y la información económica muestre que se trató de una debilidad temporal.

Mientras eso sucede, por lo menos lo que resta del mes y posiblemente el próximo, no hay argumentos para pensar que el miedo desaparezca de la cabeza de los inversionistas. Y este miedo es el que ha generado mercados con pérdidas en las últimas semanas.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de Invex. [email protected]