Cuando en el periodo entre el 2003 y el 2006 la Reserva Federal de Estados Unidos aumentaba sus tasas de referencia para frenar el impulso de su economía, las tasas de interés de largo plazo no se ajustaban a la alza. Al preguntársele al entonces presidente de la Fed, Alan Greenspan si entendía lo anterior, su respuesta fue que no, que tal fenómeno era un conundrum (término usado en la lengua inglesa para definir un acertijo o adivinanza).

Para el común de la gente en estos días puede que haya una percepción similar con las tasas de interés en México.

Por un lado, el Banco de México no ha movido, ni ha dado señales de querer reducir, su tasa de interés de referencia (a plazo de un día) que actualmente se ubica en un nivel de 4.5 por ciento.

Sin embargo, en las últimas dos semanas hemos visto un descenso pronunciado en las tasas de interés de largo plazo en pesos.

Ayer, el Bono M del gobierno mexicano a 10 años pagaba una tasa de interés de 5.65%, tan sólo 1.15 puntos porcentuales por encima de las tasas que cualquier inversionista podría recibir por invertir su dinero a un día. Nunca en nuestra historia habíamos tenido un diferencial tan pequeño entre ambos plazos; de hecho nunca habíamos tenido tasas de interés tan bajas para plazos largos.

Para quienes observamos los mercados, este fenómeno tiene explicaciones claras. No es en realidad un enigma. Las tasas de interés que paga la deuda de México son sustancialmente elevadas en comparación con las tasas de interés que existen en casi todo el mundo desarrollado.

Asimismo, México es un país con mucha solvencia financiera; de las mejores hoy en día. Nuestra deuda cotizada en dólares paga tasas inferiores a las de España o Italia, por ejemplo, ¿por qué? Porque no debemos mucho y tenemos un déficit público muy manejable.

Por último, el perfil de crecimiento que tiene México, ligado al sector industrial estadounidense, es más estable que el de muchos otros países emergentes, cuyo principal factor de crecimiento son las ventas de bienes básicos a los grandes centros de consumo, principalmente a China.

En los momentos en que los inversionistas a nivel global tienen que diversificar sus inversiones entre distintos activos, resulta que comprar deuda en pesos es casi un regalo. Con un tipo de cambio claramente subvaluado y una deuda soberana que paga intereses tres veces mayores a los de la deuda de casi todo el segmento de países desarrollados, la demanda por bonos de México se incrementa sustancialmente.

Nada más en esta semana, la principal manejadora de fondo de renta fija a nivel global (PIMCO, por su siglas en inglés) recomienda invertir en bonos mexicanos. En el último mes hemos visto sendos artículos en The Economist y The Financial Times en donde se exaltan las virtudes de la economía mexicana, a pesar de su terrible escenario de violencia.

Los inversionistas extranjeros poseen aproximadamente 45% del total de la emisión de bonos M, algo así como 59,000 millones de dólares. Si un bono es demandado, aumenta su precio y la tasa que paga tiende a bajar. Eso es lo que ha sucedido con los bonos en México.

¿Intentará el Banco de México generar una situación más normal bajando la tasa de referencia? Lo dudamos. La incertidumbre es elevada y al instituto le interesa más preservar la estabilidad que evitar pagar un premio elevado. Es posible entonces que la estructura de tasas de interés bajas en todos los plazos dure un buen rato.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: [email protected]

Twitter: @invexbanco.