En mayo, el precio del dólar logró recuperar una pequeña parte de las pérdidas que en este año ha sufrido en los mercados de divisas internacionales y que llevaron a su índice, calculado contra las principales monedas del mundo, a alcanzar su menor valuación histórica.

La razón para ese movimiento contra tendencia, se explica en gran medida por dos factores: el primero de ellos es la reducción del apetito por riesgo en los mercados globales y el segundo es la reaparición de las preocupaciones sobre la capacidad de pago de una, probablemente, ya insolvente Grecia, así como el potencial de contagio para otros países de la periferia económica dentro de la Unión Europea.

Sobre cualquiera de los dos factores se puede argumentar extensamente, pero sus causas son relativamente bien conocidas y aceptadas, tal vez sus consecuencias no sean percibidas con la misma unanimidad, pero en definitiva, ninguna de las dos representa un factor permanente.

La disminución en el apetito por riesgo entre los inversionistas apareció desde la última reunión de la Fed, cuando se confirmó que no se implementará una tercera ronda de inyección de liquidez, inmediatamente después de que termine el actual programa de compra de activos.

Ante esta noticia, los mercados alteraron de forma significativa su comportamiento; acciones y materias primas como el oro y la plata, reaccionaron de forma negativa e iniciaron un rápido movimiento de corrección que tomó poco menos de dos semanas, pero que impactó notablemente en el nivel de los precios.

El mecanismo de transmisión fue evidente: el anuncio del Presidente de la Fed cambió las expectativas y paró de forma abrupta la entrada de fondos frescos (compras) ante la incertidumbre sobre la capacidad de avance que tendrían los precios en un nuevo escenario, caracterizado ahora por la ausencia de nuevas inyecciones de liquidez.

Ante la ausencia de nuevos compradores y un nivel claramente elevado en las cotizaciones, se generó un evidente desbalance entre la oferta y la demanda (ahora la primera, mayor que la segunda en un viraje de 180° respecto de las condiciones prevalecientes durante todo el año), que resultó en una disminución de las cotizaciones y que indujo a su vez a operadores técnicos a liquidar posiciones, creando así aún más oferta.

El resultado, fue una fuertísima y violenta caída que castigó significativamente los precios, misma que hasta la fecha no ha logrado ser recuperada.

Sobre el tema de la crisis de deuda en los PIGS, es poco lo nuevo que se puede aportar. Es claro que las salidas posibles, que no incluyen al menos una moratoria en los pagos, son pocas y difíciles de lograr.

Con Grecia al borde del precipicio, la pregunta más relevante para los mercados versa sobre cuál será el alcance del impacto de una declaración de moratoria o incluso un cese indefinido de pagos por parte de ese país.

Ante tal incertidumbre, el precio del dólar se ha visto fortalecido, no porque se trate de un refugio seguro como en otras épocas, se trata aquí más bien de seleccionar el menor riesgo en un contexto de incumplimiento de pagos.

Sin embargo, estos dos factores (que si bien son significativos) no son más que efectos temporales.

Las verdaderas causas de la caída en el precio de la divisa verde son factores estructurales que poco han cambiado y que responden a fuerzas macroeconómicas y geopolíticas, que representan tendencias muy bien definidas que difícilmente se podrán revertir. Por esto es que, tarde o temprano, el desplome del dólar se reanudará.

*Carlos F. Pinilla es VP de Análisis y Estrategia de Mercados de Total Value Group. [email protected] totalvaluegroup.com