El pasado lunes concluyó formalmente el periodo vacacional con la entrada a clases en todos los colegios y universidades. Si bien es cierto siempre se tiene la expectativa de que el arranque del año sea positivo, lo cierto es que la parte económica se sigue viendo difícil.

Ya hemos comentado que Europa está atravesando por una etapa delicada y que su problemática de endeudamiento y desequilibrio fiscal seguirá siendo fuente de incertidumbre y volatilidad en los mercados financieros; en esto, desafortunadamente, somos expertos. En México tuvimos episodios de profundos desequilibrios fiscales, llegando a registrar déficit de dos dígitos como proporción del PIB y altos niveles de endeudamiento.

Sabemos por experiencia que la medicina para corregir estos padecimientos es amarga y no tiene un efecto inmediato. Los países europeos tendrán que aumentar impuestos y disminuir su gasto, lo que se traducirá en una recesión económica que, seguramente, se prolongará años.

Algunos países ya han iniciado con un severo proceso de ajuste que ha incluido la reducción de la planta laboral del gobierno, sumando más y más desempleados, fenómeno que ha ocasionado múltiples revueltas sociales.

Sin embargo, queda mucho por hacer, de hecho la semana pasada Standard and Poor’s (S&P) indicó que las medidas adoptadas hasta ahora por la Unión Europea son insuficientes para solucionar los problemas económicos de la región y adicionó los siguientes problemas a la complicada situación: un endurecimiento de las condiciones crediticias, un incremento en las primas de riesgo, el desapalancamiento simultáneo de las empresas y los gobiernos, la debilidad de las perspectivas económicas y la abierta y prolongada disputa de los políticos europeos.

Con estos argumentos, S&P degradó la calificación de Chipre, Italia, España y Portugal en dos escalones, y la de Francia, Austria, Malta, Eslovaquia y Eslovenia en un escalón, y confirmó la calificación de Bélgica, Estonia, Finlandia, Alemania, Irlanda, Luxemburgo y los Países Bajos.

En los casos de Francia y Austria, resulta relevante es que pierden su categoría de países AAA mientras que Portugal es expulsado del selecto grupo de países que conforman la élite de grado de inversión.

S&P degradó la calificación de Portugal en dos escalones de BBB a BB- con perspectiva negativa,argumentando los fuertes problemas políticos, financieros y monetarios del país ibérico.

Adicionalmente, S&P comentó que existe 30% de probabilidades de que la calificación de Portugal se recorte nuevamente en el año o en el 2013.

Para la forma en la que ha estado actuando la calificadora, esta advertencia anticipa un nuevo golpe para el ranking de la deuda de Portugal.

Por si no fuera poco, S&P degradó también la nota del fondo de rescate europeo a AAA+ , lo que pone en riesgo la capacidad del fondo de recaudar dinero barato para el rescate financiero de las economías con problemas económicos.

Después de la noticia de esta degradación, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) salió a tratar de tranquilizar a los mercados indicando que cuenta con los recursos necesarios para financiar los rescates de Irlanda y Portugal, así como el segundo paquete de ayuda para Grecia.

Vale la pena destacar que Moody’s y Fitch Ratings aún mantienen al FEES con calificación de AAA , lo que significa que es una inversión segura para los fondos institucionales que decidan participar en las emisiones de esta institución.

Es cierto que las compañías calificadoras han perdido credibilidad, sin embargo, sus decisiones siguen impactando en el ánimo de los inversionistas.

Independientemente de lo que hagan o dejen de hacer las calificadoras, los países con problemas deberán profundizar con rapidez y decisión las medidas de ajuste tendientes a restablecer los equilibrios macroeconómicos que hoy presentan y que son la antesala para recuperar la competitividad y el crecimiento. El camino todavía es tortuoso.

*Manuel Guzmán M. es director ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve Por Más.