Termina el primer semestre del año. Un periodo que ha sido complicado para las inversiones en general. Como siempre, hay segmentos en los que la foto final mostrará rendimientos muy favorables desde enero y otros en que las pérdidas serán notorias. Lo complicado en este caso es lo cambiante de la historia hasta el momento.

Si a cualquier mortal en otra época le hubiésemos asegurado que en un periodo de 180 días se produciría el mayor desastre natural en la tercera economía del mundo; si le hubiésemos dicho que en Europa, al menos un par de veces, habríamos estado al borde de una crisis financiera por los graves problemas de endeudamiento de varios países de la región; más aún, si hubiéramos anticipado un petróleo de nuevo por encima de los 100 dólares y si hubiésemos hecho la predicción de que las agencias calificadoras pondrían en observación con una connotación negativa a la deuda de ¡Estados Unidos! … seguro muchos habrían anticipado fuertes pérdidas.

Sin embargo no ha sido así. En medio de fuertes vaivenes, la Bolsa en Estados Unidos cerró el semestre con ganancias (El índice Dow Jones ganó 5.9% en el periodo, el Nasdaq 3.3% y el Standard and Poor’s 4 por ciento). En algún momento las ganancias llegaron a ser de dos dígitos.

En los precios de algunos bienes básicos como el petróleo o el oro, la situación es más notoria. El precio del barril del petróleo termina ganando 3.7%; sin embargo, entre enero y abril la ganancia acumulada llegó a ser de 25 por ciento.

En el caso del oro, entre febrero y abril se registró un alza de 18% y la ganancia acumulada en todo el primer semestre apenas alcanza 6.3 por ciento.

La principal explicación de que estos factores no generen más nerviosismo es que hay mucho dinero en el mundo. Una de las consecuencias de la crisis del 2008 fue la adopción de inusuales políticas de estímulo por parte de la mayoría de los bancos centrales, lo que dio lugar a un aumento desproporcionado de los recursos líquidos en el sistema financiero.

Estos recursos abundantes no se han dirigido a la inversión productiva, a apoyar una recuperación económica más robusta, con más empleo y crecimiento. No lo han hecho porque hasta ahora no aparecen los incentivos correctos (mayor crecimiento) que inclinen a las empresas a expandirse o a las personas a abrir más negocios.

La mayor parte de todo ese dinero busca rendimientos en los mercados financieros. Y quedan claras las razones de la desorientación con la que han vivido quienes tienen que invertirlo en los últimos seis meses.

En los días pasados hemos visto un repunte; éste responde más a la actividad de algunos manejadores de fondos para hacer que la foto final al cierre del semestre luzca mejor.

Pero no hay que entusiasmarse mucho. De entrada, la primera semana de julio vendrá con información económica que aún no se espera favorable. Ello puede regresar a los mercados a una etapa de incertidumbre.

Hace falta que se resuelvan algunas cosas como la discusión fiscal en Estados Unidos o la concreción de una solución más duradera a los problemas de endeudamiento en Europa. Pero sobre todo, falta ver que el augurio que muchos hacemos con relación a un segundo semestre con un crecimiento mejor al registrado entre enero y junio se corrobore en los datos.

Creemos que tal cosa sucederá hacia finales del verano. Mientras eso no pase, no veremos un cambio en lo vacilantes que han estado los mercados hasta ahora.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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