Sin duda, el desplome del peso en el mercado ha puesto a temblar a los importadores de nuestro país, que han visto incrementar sus costos en casi 10% al cierre del viernes pasado, al ubicarse el tipo de cambio spot interbancario en niveles de 14.4055 pesos/dólar; sin embargo, para los exportadores, el efecto ha sido exactamente el contrario.

Las razones tras las fuertes caídas que ha experimentado el peso son varias.

Para empezar, el dólar norteamericano ha seguido una tendencia positiva o de fortalecimiento frente a las principales divisas, como consecuencia de una expectativa creciente en los mercados de que la economía de Estados Unidos está evolucionando favorablemente, lo que generaría que el año entrante, la Fed decida incrementar su tasa de referencia y en consecuencia los flujos de capital se vayan a ese país, tal y como se ha venido observando.

Uno de los factores que ha establecido la Fed como indicador para determinar el momento de incrementar su tasa es el dato de empleo, y el viernes pasado, el Buró de Estadísticas Laborales publicó el dato de la Nómina no agrícola en el que sumó 321,000 empleos a la fuerza laboral, el mejor dato en los últimos tres años, cifra muy superior a los 240 mil que ha registrado en su promedio anual y muy por encima de los 225,000 que esperaba el consenso del mercado. La tasa de desempleo se mantuvo sin cambios en 5.8%, lo cual fue recibido con optimismo por los mercados accionarios, no así por el peso, que perdió casi 25 centavos en la sesión del viernes.

Adicionalmente, la caída de los precios del petróleo ha generado presiones adicionales a las monedas de los países productores. Tal es el caso de Rusia, Canadá y claro, México.

Y es que la decisión de los países miembros de la OPEP en el sentido de no recortar su producción con la intención de presionar a Estados Unidos para que sean ellos los que tengan que hacer los recortes, simplemente le vino a incrementar la presión a la baja en los petro-precios, ya que se estima que esta decisión podría incrementar la sobre oferta entre 1.5 y 2 millones de barriles diarios y llevar los precios del Brent a niveles cercanos a los 60 dólares/barril. Se debilita el precio del petróleo y el peso sufre.

Por otra parte, el BCE le quedó a deber al mercado, ya que el consenso esperaba que su presidente anunciara el jueves pasado el tan cacareado plan de estímulos para reactivar la economía y simplemente avisó que será hasta principios del año entrante en que se tome una decisión. Lo anterior abonó fortaleza al dólar y debilidad al peso.

Para complicar aún más el entorno, en China el dato del PMI mostró un crecimiento de la actividad manufacturera más lento de lo esperado al ubicarse en 50 puntos para noviembre, el menor nivel de los últimos seis meses.

El entorno económico global complicado que vivimos le ha pasado la factura a México, mermando las expectativas de crecimiento para nuestro país; sin embargo, no todo es negativo.

Un peso débil ayuda como incentivo para las exportaciones de nuestros productos, compensa en alguna medida las caídas en los precios de los granos a nivel internacional a favor de los productores mexicanos, incentiva la inversión extranjera al abaratarles los costos de entrada, y ayuda a paliar la caída en los precios del petróleo que exportamos, entre otros.

Así son los mercados, las condiciones que generan pérdidas a unos, se convierten en las ganancias de otros. Lo importante es que sepamos tomar las oportunidades que nos presentan en medio de las turbulencias.

Para evitar pérdidas o asegurar ganancias están las coberturas de precios.

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