La demanda por emitir bonos verdes en el mundo se mantiene al alza, aun en un periodo con volatilidad.

Al primer semestre de este año ya suman 73,700 millones de dólares colocados a nivel global, monto ligeramente mayor a los 72,700 millones logrados en el mismo periodo del 2017.

El Climate Bonds Initiative (CBI) indica que las solicitudes para colocar el instrumento no se han frenado. En junio se destinaron 5,800 millones de dólares en financiamiento verde en el mundo.

Los emisores en la primera mitad del año han sido Iberdrola (750 millones de euros); Mitsubishi Estate (10,000 millones de yenes); Macquarie Group (250 millones de libras esterlinas), Bank of China (1,000 millones de dólares); Bank of America (2,250 millones de dólares); BBVA (1,000 millones de dólares); República de Lituania (20 millones de euros); República de Francia (1,096 millones de euros); Reino de Bélgica (4,500 millones de euros); así como la República de Indonesia (1,250 millones de dólares); República de Polonia (1,000 millones de euros).

De acuerdo con una encuesta digital realizada en una conferencia en Londres, 33% de los participantes espera que el mercado de bonos verdes crecerá a 200,000 millones de dólares o 225,000 millones en este año.

Otro 40% del mercado considera que la recaudación superará los 225,000 millones de dólares. En tanto que 56% asegura que son una forma “adicional” de financiamiento.

Los bonos verdes apuntan a tener beneficios ambientales o relacionados con el clima que pueden aumentar el flujo de fondos hacia proyectos ambientalmente benéficos, lo que a su vez puede reducir los costos de los proyectos.

Tiene sus atractivos

Para Julián Romero, jefe de la división Bonds Syndicate & Sustainable Finance en BBVA, el mercado de bonos verdes tiene, al menos, dos atractivos particulares para los inversionistas de renta fija.

Les permite invertir para un propósito, lo que no era explícitamente posible antes. Su mandato está enfocado en demostrar que están buscando alinear sus inversiones con los objetivos de sostenibilidad, en particular el Acuerdo de París del 2015.

En segundo lugar, existe la percepción entre los inversionistas de que las empresas que tienen una mayor conciencia de la agenda de sostenibilidad es probable que naveguen mucho mejor por los desafíos del futuro.

El CBI explica que junto con el rápido crecimiento de los bonos verdes, están apareciendo bonos temáticos en el mercado. Estos incluyen vínculos sociales, de sostenibilidad, ESG (Ambiental, Social y Gobernabilidad), así como de desarrollo sostenible.

Todos éstos replican el modelo de bonos verdes que requieren de divulgación e información sobre el uso de los ingresos del emisor con activos que se espera que entreguen un result+ado con un impacto positivo de sostenibilidad.


judith.santiago@eleconomista.mx