La percepción de riesgo en los mercados globales continúa vigente. Hay muchos factores que provocan incertidumbre y desatan movimientos bruscos en los mercados a la menor provocación.

En medio de esta turbulencia, las variables financieras en México se han comportado bastante bien. Ello responde, a una buena estrategia adoptada por nuestras autoridades y en parte a ciertas deficiencias estructurales.

En general, las noticias siguen sin ser buenas. La aparente tranquilidad con relación a la crisis de deuda en Europa no se refleja en indicadores como la tasa Libor a la que los bancos se prestan recursos entre sí.

Las agencias calificadoras continúan con el dedo en el gatillo para reducir las calificaciones a los países en problemas, como le sucedió a España el pasado viernes.

No hay tampoco ningún cambio en la intención de las autoridades de regular al sector financiero. Asimismo, se mantiene la percepción de que el crecimiento en el segundo semestre podría ser menos veloz, gracias a la ausencia de estímulos y a la continuidad de problemas relacionados con elevados niveles de deuda.

Los recientes acontecimientos tampoco ayudan. El conflicto entre las dos Coreas y ahora, el repudio a Israel por el ataque a un buque de activistas europeos no son asuntos triviales. Por último, el accidente que generó un profundo derrame de petróleo en el Golfo de México comienza a afectar los mercados ante la imposibilidad de detenerlo.

Con este mundo de cabeza , las variables financieras mexicanas lucen muy estables. Esto es producto de varios factores.

Por una parte, la atinada estrategia de las autoridades para pertrechar recursos en los primeros meses del año está rindiendo frutos. La acumulación de reservas y la emisión de deuda en bloques más grandes y a plazos mayores le ha quitado mucha presión a los mercados de deuda y cambiarios.

Por otra parte, la decisión de mantener sin cambios las tasas de interés, a pesar de que se vivió un escenario de inflación en enero, también resultó favorable. Actualmente, pocos países ofrecen rendimientos tan interesantes y una estructura fiscal ordenada. Ello crea la sensación de estabilidad y ha permitido una fuerte inversión extranjera en bonos mexicanos.

Otros factores de ayuda son las deficiencias estructurales. Una de ellas es la estructura tan rígida que tiene a su interior la Bolsa. Sabemos que el Índice de Precios y Cotizaciones está integrado por 35 empresas, pero sólo una decena de éstas tiene un peso verdaderamente relevante.

Sabemos también que la participación indirecta y directa de las afores aporta una buena parte del volumen de operación. Por ende, tenemos un mercado con una escasa oferta de papel y grandes demandantes; si éstos no salen a vender es difícil ver que la Bolsa caiga de manera fuerte, y hay que decirlo: es propensa a cierta manipulación.

Estos factores han resultado favorecedores porque el entorno ha sido también positivo. Hay una recuperación en marcha en Estados Unidos que se ha permeado a nuestro país.

Aún con la problemática que se generó en las últimas semanas, no se asume que haya un retorno a una recesión. En el peor de los casos, hay la expectativa de una desaceleración en la velocidad del crecimiento pero éste seguirá siendo positivo.

Claro que dicha expectativa se puede volver peor, si todos los factores de riesgo mencionados al inicio de este artículo, se concretan en hechos más dañinos. Ello repercutiría con mayor fuerza en el desempeño de la economía y en la volatilidad de los mercados. Pero si por el contrario, las cosas tienden a una situación de mayor calma, México puede resultar muy beneficiado solamente por el flujo de recursos financieros que habría hacia el país.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de Invex.

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