…De dólares. Ésa parece ser la principal ocupación del Banco de México para este año. Al menos, así lo ha dejado ver y así lo demuestran los hechos en los mercados.

No es nuevo hablar de lo atractivas que son las inversiones en México. Parece haber un cruce de circunstancias muy favorecedoras que han dado lugar a lo que algunos analistas bastante chauvinistas llaman el Mexico moment (momento de México).

Sólo con el afán de enumerar: a las virtudes de una buena administración financiera y la ausencia de un endeudamiento elevado, algo poco común en estos días, se agregan las expectativas que el nuevo gobierno ha generado ante su seria intención de llevar a cabo reformas legales que impulsen, primero, la inversión y, por consecuencia, el crecimiento del país.

Este entorno además, parece favorecido por las acciones de otros gobiernos; en especial el de Estados Unidos, al proclamar que va en serio una reforma migratoria (que podría aumentar el flujo de remesas) y el control de uso de armas (que podría, a la postre, reducir la violencia).

Este marco influye muchísimo para que, en un ambiente en donde los riesgos se han diluido y en donde prevalece una abundancia de liquidez propiciada por la política expansiva de los bancos centrales desarrollados, entre otros, la inversión en bonos o acciones mexicanas sea una decisión bastante obvia.

De ahí que, al mitigarse las presiones de corto plazo -en especial al ver que la inflación en el país no resultó ser elevada como muchos preveíamos-, hemos visto de nuevo fortalecerse al peso a cierta velocidad, gracias a los flujos continuos de dólares hacia activos mexicanos.

Es esta velocidad de revaluación del peso la que ha provocado un giro de 180 grados en la postura de política monetaria del Banco de México.

La Junta de Gobierno había, como todos, previsto posibles presiones en la inflación al cierre del año y advirtió en septiembre pasado que podría subir la tasa de referencia. Ante el cambio de circunstancias, cambió su postura; ahora advierte que podría bajarlas.

La nueva actitud no sólo se desprende de la nueva exigencia ante una inflación benigna o ante demandas de una mayor laxitud por parte de agentes económicos. Tiene que ver con lo que pasa en el mundo.

La intensificación de la postura de fuerte relajación monetaria por parte de la Fed y otros bancos centrales (recientemente el japonés) implica, entre otras cosas, una devaluación de sus monedas contra el resto, principalmente, las de mercados emergentes.

Al revaluarse sus monedas, muchos países han visto mermada la competitividad de sus productos y, por tanto, el valor de sus exportaciones.

La respuesta de muchos gobiernos ha sido tratar de intervenir a los mercados para devaluar sus monedas; así lo han hecho los bancos de Suiza, Japón, Corea, Australia, India, Brasil y Colombia, entre otros. ¿Cómo lo han hecho? Comprando dólares y, sobre todo, bajando sus tasas de interés. Esto es lo que se ha denominado la guerra de divisas.

México no puede ir en otra dirección. Si se consolida el entorno favorable puede haber una revaluación del peso muy acelerada que también implique una merma en el crecimiento del sector industrial exportador. La intención de bajar las tasas es auténtica. Hay menos inflación y una política global de relajación de la que no nos podemos desalinear.

En lo personal, pienso que a la Junta de Gobierno le puede costar trabajo tomar tal decisión si ve que la pura advertencia verbal ha regresado al tipo de cambio a niveles cercanos a los $12.70 pesos y, en segundo lugar, si percibe que aún hay riesgos en el mundo que puedan mermar el actual optimismo respecto del crecimiento o bien, si hay eventos que vuelvan a hacer crecer la percepción de riesgo. Una baja de tasas es muy probable, pero aún depende de lo que pase en los siguientes meses.?

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX.: [email protected] ?

Twitter: @invexbanco.