En lo que va del año, los rendimientos en los mercados financieros en general son malos. El cierre del segundo trimestre, se efectuó ayer en medio de fuertes descensos en las bolsas. Lo malo es que con los elementos que contamos, parece que los rendimientos en el segundo semestre también serán mediocres.

Recapitulemos. Después de un inicio fulgurante que aportó retornos muy interesantes en el primer trimestre, los mercados observaron un comportamiento decepcionante. El índice Dow Jones de Estados Unidos ganaba 4.1% al cierre de dicho periodo, durante el segundo se desplomó 9.96%; desde su nivel máximo registrado el 26 de abril, la caída fue de casi 13% ¡en dos meses!

En el mismo tono se encuentran otros índices: el Standard & Poor’s que contempla una muestra de 500 emisoras (a diferencia del Dow Jones que sólo contiene las 30 principales) cayó 15.3% desde su máximo a finales de abril y acumula en el año una pérdida de 7.57 por ciento.

La Bolsa mexicana ha sido más modesta. Acumula una pérdida de 3% en el año. Ya no hablemos de las bolsas en Europa o en Asia, donde nada más la Bolsa de Shangai pierde 27.4 por ciento.

La crisis de deuda en Europa es la principal explicación en este cambio de curso; los inversionistas a nivel global pasaron de percibir la ausencia de un riesgo sistémico a temer el colapso de la Unión Europea y de su sistema financiero; elementos suficientes que permitieron el retorno al miedo.

Pero hay que ver que a dicho riesgo se le está añadiendo uno más de fondo, algo que habíamos advertido incluso en los momentos de entusiasmo: hay una decepción en relación con la forma de la recuperación económica. En concreto, se han puesto elementos sobre la mesa que apuntan hacia un crecimiento menor en los próximos trimestres y, por ende, a una situación menos favorable en el proceso de limpieza de los daños que dejó la crisis.

Los reportes de la actividad económica a nivel global adelantan una situación de debilidad. Hemos visto datos inferiores a los estimados de crecimiento en el empleo del sector privado, ventas de menudeo, construcción y venta de casas, solicitudes de hipotecas, exportaciones y en la confianza del consumidor de Estados Unidos.

En la eurozona se anticipa una etapa difícil a raíz de la aplicación de los programas de austeridad, al igual que en Reino Unido. En China, la propensión de las autoridades para desinflar la burbuja inmobiliaria y controlar la inflación ha dado como resultado que los indicadores que adelantan la actividad económica se hayan frenado.

Por su parte, la reunión del G-20 el fin de semana pasado arrojó como resultado el compromiso de los principales países para reducir en un plazo relativamente corto (hasta el 2013) su déficit fiscal, así como su deuda como proporción del PIB.

Hay una preocupación válida entre los agentes con relación a si la demanda privada a nivel global ha mejorado lo suficiente para contrarrestar el desvanecimiento de la contribución del gasto fiscal y la acumulación de inventarios sobre el crecimiento. Y se sospecha que no será así; existe un nivel de desempleo elevadísimo en todos lados, el grado de capacidad ociosa es aún muy alto, no hay crédito y los individuos todavía se mantienen en un proceso de desendeudamiento.

Esta preocupación ha reabierto la puerta a una posible etapa de deflación; con el daño que ésta podría tener sobre el consumo y, por ende, sobre la capacidad de crecimiento. Las bolsas descuentan una situación difícil hacia los próximos meses, esperemos que estén exagerando.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de Invex.

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