Sin lugar a dudas, el mundo se ha transformado de una manera radical y vertiginosa, al grado de que los países que solían ser vistos como ejemplo de modernidad y desarrollo hoy se encuentran sumergidos en una profunda crisis, y los que antes eran catalogados en vías de desarrollo son los que muestran una condición fundamental mucho más sólida en materia de endeudamiento, balance fiscal y crecimiento económico.

Claramente, las cosas no volverán a ser como antes y hoy se pueden anticipar tres grandes bloques con una inercia diferenciada y con un peso específico ya no en favor de los países conocidos antes como el ejemplo a seguir, sino con una mayor ponderación sobre quienes tendrán una mayor importancia en cuanto a la generación de crecimiento a nivel mundial.

Uno de los bloques será el europeo, que tendrá que lidiar por algunos años más con la fórmula para sanear su economía y retomar la senda del crecimiento.

Para empezar, Grecia no va a salir de la zona euro, quienes piensan que los problemas de Europa o de Grecia se solucionarían con esta acción están equivocados, detrás de Grecia están España, Portugal, Italia y otros países más que también tendrían que dejar la zona euro si ésta fuera la solución. La desintegración sería a todas luces catastrófica.

En este mismo sentido y pese a los augurios de los más pesimistas, el euro no va a desaparecer.

Después de poco más de 10 años en los que ha funcionado el euro, habrá que decir que los jóvenes universitarios que pronto estarán tomando decisiones no saben de esa vieja concepción de que la soberanía la hace la moneda.

Los problemas de Europa fueron ocasionados no por tener una moneda común, sino por una política de endeudamiento indiscriminado y por una laxitud extrema en la conducción de las finanzas públicas.

A pesar de las dificultades, Europa no va a desaparecer, lo que veremos en los próximos años es que transitará de una necesidad imperiosa por obtener recursos para financiar los vencimientos de su deuda (problema de liquidez) a un objetivo de administrar correctamente sus déficit fiscales (problema de finanzas públicas) y, finalmente, a uno de fomento del empleo (problema de crecimiento).

Habrá que estar conscientes de que Europa no volverá a ser un protagonista global en lo que a crecimiento económico se refiere. Son países viejos en donde no existe por definición bono demográfico y que por lo tanto se tendrán que conformar con tasas de crecimiento modestas en el mejor de los casos.

Otro bloque es el de los países emergentes, que están llamados a ser el motor del mundo en las siguientes décadas y que muestran como factor común tres importantes características: a) gran potencial de crecimiento, b) capacidad de atracción de inversión y c) enormes recursos naturales.

Hoy el acrónimo BRIC resulta anticuado cuando se quiere englobar a los países que tienen la capacidad para crecer más allá del promedio mundial.

Además de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, hoy se pueden identificar a otros países como: México, Chile, Turquía, Indonesia, Corea del Sur, etcétera.

El tercer bloque es el de América del Norte, conformado por Canadá, México y Estados Unidos y que estaría liderado por este último.

Hoy los consumidores estadounidenses muestran una creciente proclividad a ejercer un mayor gasto, no sólo de productos domésticos sino también importados, y es aquí donde se puede encontrar un atractivo adicional para México.

Si no nos equivocamos en el camino y apresuramos los cambios estructurales que el país necesita, podríamos convertirnos en una potencia económica en los próximos años.?

*Manuel Guzmán M. es director ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve Por Más.