Uno se acostumbra a todo, y los mercados no son la excepción. Frente a la finalización de la tercera ronda de relajación cuantitativa (QEIII) de la Reserva Federal (Fed), si me hubiesen sugerido el nivel tasas que la parte corta y media de las curvas soberanas del G10 iba a alcanzar a inicios de 2015, hubiese dicho que era un disparate, pero aquí estamos. Ya se nos está haciendo bastante normal observar rendimientos cortos y tasas de referencia negativas, repito, negativas. Parecería quedar claro que en un entorno en donde a nivel global el crecimiento no abunda, los principales bancos centrales están inmersos en una clara guerra de tasas y monedas para llevarse la mayor porción posible de un empleo mundial que no abunda y un amenazante entorno deflacionario.

El problema, que ciertamente no es inmediato, es que este accionar está generando una delirante y probable burbuja en renta fija, insisto: rendimiento en los bonos a los que les cuesta superar 1% a 10 años y esto ya se nos hizo familiar y aceptable. Y en medio de esto estamos ya oficialmente en pleno programa de estímulos monetarios (QE) europeo, con el Banco Central Europeo (BCE) en pleno esfuerzo reflacionante para recuperar los siete años perdidos desde que comenzó todo esto, en un claro cambio de ancla monetaria con la Fed perdiendo gravitación y quedando en manos del siempre sorprendente y potencialmente explosivo BCE que juega su carta de póker siete años más tarde que Bernanke.

Una de las preguntas que deberá dirimir este 2015 se referirá a cuan descoordinada podrá seguir la política monetaria de los principales bancos centrales que claramente enfrentan un ciclo económico diferente: Estados Unidos recuperándose debido a sus obvias decisiones monetarias implementadas desde 2008. Japón que parecería estar un poco menos peor desde su implementación de QE y como siempre, tarde y último, un BCE que tira la bala en un entorno en donde la flexibilización monetaria dejó de ser una excepción y mucho menos, una sorpresa. El tiempo dirá qué tan tarde llegó el QE a Europa para rescatarla de una amenaza deflacionaria producto de su propia ineptitud en materia de política monetaria desde el inicio de la crisis y cuán agresiva deberá ser fruto de su lentitud original. Parecería quedar claro que en el corto plazo cualquier rally del euro es una oportunidad para estar cortos.

Lo cierto es que el mercado en estos últimos meses anticipó el QE europeo y la confirmación del jueves pasado parecería abrir la puerta a un mercado que probablemente opere una renta variable europea en dos dimensiones temporales distintas. Primero, el corto plazo (tres/cuatro meses), probablemente la manada de monos seguirá la señal del BCE, esto debería ser alcista en cuanto a renta variable europea obviamente hedgeado el euro a menos que Grecia desmadre todo. Segundo, y esto creo es la bisagra más interesante, el mercado en los próximos meses y en forma no inmediata comenzará a evaluar el impacto de un QE que llega tarde y varias preguntas podrán surgir entonces. ¿Si la economía europea se niega en reaccionar a un QE que a esta altura es una carta de póker vista, repetida y tardía, cuál será el compromiso y convicción del BCE ante su propio QE? Y un montón de historietas más en este entorno que probablemente se fabriquen en consecuencia.

Lo cierto es que el 2015 nos reafirma una imagen que comenzó a gestarse en 2014: un mundo de bancos centrales emitiendo por todos lados y poniendo sus respetivas curvas de tasas en niveles de absoluto colapso nominal. Y en este mundo en donde nada rinde nada, el oro comenzó a despertarse a fines del 2014 para mostrar en lo que va de 2015 una excelente performance. Me pregunto: en un mundo de permanentes emisiones monetarias plagadas de papel moneda sin valor y curvas soberanas que no premian el valor tiempo del dinero, ¿será éste otra vez el año del oro y la plata?

*Artículo escrito por German Fermo. Director de MacroFinance.

fondos@eleconomista.com.mx