A los agentes económicos y a las mismas autoridades en Estados Unidos les está cayendo el 20 de que los fuertes estímulos fiscales y monetarios que se aplicaron para generar una recuperación después de la crisis no están funcionando.

Los datos reflejan una caída de la actividad económica en lo que va del año que parece acentuarse en las últimas semanas.

Algunos factores que han generado este fenómeno parecen temporales, en especial los atribuidos a los factores climáticos, sobre todo la interrupción de la producción manufacturera que se ocasionó con el tsunami acontecido en Japón.

Sin embargo, otras tendencias muestran un renovado deterioro. El sector inmobiliario parece estar entrando en una nueva etapa de contracción. Simplemente la riqueza de las familias no mejora debido al elevado desempleo y el crédito brilla por su ausencia.

Por su parte, el consumidor ha visto afectado su presupuesto por los altos precios, en especial de las gasolinas. Sin crédito, con un elevado desempleo y con precios más altos, simplemente la actividad comercial crece a tasas decepcionantes. No obstante, la percepción de los inversionistas en general parece sufrir más que en otras etapas de la era poscrisis, por la certeza de que no hay medidas adicionales de estímulo hacia delante que puedan ser efectivas.

Ya se crearon grandes distorsiones. El gobierno de Estados Unidos generó un enorme déficit fiscal que se aproxima en valor a 15% de su Producto Interno bruto y la Reserva Federal amplió su balance (inyectó recursos a la economía) hasta niveles históricamente nunca vistos.

En alguna ocasión en el pasado reciente mencionamos que las autoridades intentaban un experimento atrevido.

Argüíamos que se pretendía generar una situación de crecimiento económico sostenible a partir de establecer esta serie de distorsiones. Comparábamos esta situación con una escena de la película Forrest Gump, en la que el niño lisiado, que se tiene que sostener con una serie de aparatos, eventualmente comienza a correr y simplemente desecha el andamiaje de hierro que lo mantenía en pie. La expectativa de ese milagro parece diluirse.

Simplemente, en el caso de la economía americana, Forrest no terminó corriendo.

¿Que implica esto? La resignación de que no hay una etapa de auge cercana; tal vez nuestra generación no la vea. En los años que siguen, la economía de Estados Unidos crecerá a tasas modestas mientras logra limpiar su desorden; es decir, mientras reduce su elevado endeudamiento y sus desbalances.

Este proceso tendrá episodios de mucha incertidumbre y de decisiones en contra. Una de ellas está por tomarse. El debate sobre las cuentas fiscales que tiene lugar ahora en ese país puede dar origen a un resultado que haga todavía más pesada la cuesta del crecimiento.

Aparentemente los miembros del Senado intentan ponerse de acuerdo sobre establecer límites o no al endeudamiento del gobierno. Si un acuerdo de ese tipo se logra, tendrá que tener detrás un compromiso explícito y muy creíble de reducción del déficit fiscal a lo largo de los siguientes años. El posible beneficio de que las agencias calificadoras dejen a un lado su discurso de realizar bajas a la calificación de la deuda estadounidense se vería borrado por la afectación sobre un ya de por sí escaso crecimiento, derivado de recortes al gasto o aumentos a los impuestos. Todo este entorno por supuesto que no beneficia a los mercados financieros. Como ya hemos dicho, los siguientes meses seguirán siendo difíciles y las autoridades tendrán que establecer una guía clara de su visión hacia los mercados, sobre todo si se consolidan las pérdidas.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: [email protected]