Dhamar. Una desvencijada camioneta Toyota, atestada con 14 personas, recorría un camino desierto cercano a la ciudad de Radda, alguna vez controlada por Al-Qaeda. Súbitamente, un misil se precipitó del cielo e impactó al vehículo.

Caos. Llamas. Cadáveres. Luego, cayó un segundo misil.

En cuestión de segundos, 11 de los pasajeros estaban muertos, entre ellos una mujer y su hija de 7 años. Un niño de 12 años también falleció ese día y otro hombre murió a causa de sus heridas.

El gobierno de Yemen anunció, inicialmente, que los muertos eran militantes de Al-Qaeda y que sus aviones habían llevado a cabo tal ataque, ocurrido el 2 de septiembre. Pero los líderes tribales y oficiales yemeníes confirmarían más tarde que se trataba de un asalto estadounidense y que todas las víctimas eran civiles, quienes vivían en un pueblo cercano a Radda, en el centro de Yemen. La semana pasada, funcionarios estadounidenses reconocieron por primera vez que se había tratado de un ataque estadounidense.

Sus cuerpos se quemaban , recordó Sultan Ahmed Mohammed, de 27 años, quien viajaba en el capó de la camioneta y voló de cabeza hacia una duna que salvó su vida.

Más de tres meses después, el incidente ofrece una ventana a los esfuerzos del gobierno yemení para ocultar los errores de Washington y las consecuencias no deseadas de las muertes de civiles causadas por ataques aéreos estadounidenses. En este caso, las muertes han impulsado la popularidad de Al-Qaeda en la península arábiga, filial de la red terrorista en Yemen, que en varias ocasiones ha tratado de ejecutar ataques en territorio estadounidense.

Los furiosos miembros de la tribu trataron de llevar los cuerpos a las puertas de la residencia presidencial, lo que obligó al gobierno a la incómoda posición de retirar su afirmación de que eran militantes quienes habían sido asesinados. El presunto objetivo -según las autoridades yemeníes- era el jefe regional de Al Qaeda, Abdelrauf al-Dahab, quien se creía viajaba por el mismo camino.

Los ataques aéreos estadounidenses han matado a numerosos civiles en Afganistán, Pakistán y otras partes del mundo, y sus gobiernos se han pronunciado en contra de los ataques. Sin embargo, en Yemen, el débil gobierno a menudo ha tratado de ocultar las bajas civiles del público, por temor a repercusiones en un país donde la hostilidad hacia las políticas de EU está muy extendida. El gobierno insiste, que sus viejos aviones de la era soviética atacaron la camioneta.

Mientras tanto, la administración de Obama ha guardado silencio; ni confirma ni niega cualquier implicación, una práctica habitual en la mayoría de los ataques aéreos de EU, en su lucha contra el terrorismo clandestino, en este estratégico país de Medio Oriente.

Este año, se han registrado al menos 38 ataques aéreos estadounidenses en Yemen, según TheLong War Journal, un sitio web sin fines de lucro que rastrea ataques estadounidenses, con aviones no tripulados. Esa cifra es la más alta que en cualquier otro año desde el 2009, cuando se cree que el presidente Obama ordenó el primer ataque con drones.