Con un gigante muñeco inflable vestido de militar y ataúdes representando la muerte de Dilma Rousseff, cientos de brasileños pidieron este domingo una intervención militar para derrocar al gobierno de izquierda, que también enfrenta manifestaciones a favor del impeachment de la presidenta.

"Defendemos la intervención como una limpieza general, para poder colocar el país en orden, llamar a elecciones y ahí recuperar la democracia", dijo a la AFP un integrante del ultraderechista "Campamento patriota", instalado cerca del Congreso Nacional en Brasilia.

El domingo, cientos de manifestantes se sumaron para pedir la intervención militar e instalaron en los alrededores del campamento varias personificaciones del expresidente Lula, figura máxima del gobernante Partido de los Trabajadores (PT): un fantoche decapitado con traje de presidiario en un cadalso; un par de ataúdes de cartón anunciando la muerte de Rousseff y del exmandatario y máscaras con la cara de Lula con sangre en la boca y la leyenda "Fuera zombi".

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"No es un golpe, es una medida dura, de la misma forma que una madre da un remedio a su hijo para curarlo de una enfermedad. El remedio duele, pero sabemos que después va a ser bueno para el país", insistió Rodrigo al defender una intervención militar.

En total, unos 3,000 manifestantes se congregaron la mañana del domingo frente al Congreso Nacional, pero gran parte de ellos no adhieren a la idea de un golpe militar.

Separados por una calle, varios grupos a favor del juicio político de la presidenta se vistieron de amarillo y verde, colores de la camiseta de la selección brasileña.

"La idea de un golpe militar nos da asco, náusea, porque no tenemos relación con ese grupo, lamentamos que crean que pueden unirse a nosotros en la protesta", dijo Renán Santos, líder del Movimiento Brasil Libre, que en marzo y abril articuló masivas protestas contra el gobierno, y ahora acampa en las puertas del Congreso para presionar a los legisladores a iniciar un proceso de impeachment.

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Brasil restableció su democracia en 1985 tras 21 años de dictadura militar que dejó cientos de muertos y desaparecidos, y en la que la propia presidenta Rousseff fue torturada por pertenecer a una guerrilla.

Diez meses después de comenzar su segundo mandato, Rousseff enfrenta una tormenta perfecta que combina recesión económica, desempleo en alza, inflación y su popularidad en mínimos históricos, también a raíz de un megaescándalo de corrupción en la estatal Petrobras que compromete a varias figuras clave del PT.

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