Moscú. La Rusia de Vladimir Putin siempre será una anfitriona polémica; sin embargo, pocos podrían haber imaginado la situación turbulenta que rodea a la Copa mundial 2018.

La anexión de Crimea, la presunta injerencia en las elecciones estadounidenses, la guerra en Siria y un espía envenenado en Gran Bretaña son sólo algunas de las tormentas que rodean al Kremlin en los momentos en los que el presidente Putin atrae a miles de millones de miradas a Rusia gracias al Mundial de futbol.

Las disputas de Rusia con Estados Unidos y con varios países europeos han detonado el cierre de filas de los ciudadanos rusos a favor de su presidente bajo un contexto de problemas económicos.

Putin ganó la reelección el pasado marzo con casi 77% de los votos, aunque el oponente principal Alexei Navalny no pudo participar debido a una condena por un supuesto fraude que esconde el verdadero motivo: político.

La reputación de Rusia como potencia deportiva se ha visto empañada internacionalmente por escándalos de dopaje; sin embargo, una Copa mundial exitosa podría impulsar aún más el prestigio de Putin a los ojos de la audiencia rusa.

“Putin necesitaba la Copa del mundo principalmente para fines domésticos y creo que obtendrá el objetivo propuesto, como le ocurrió en los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi”, dijo el analista político Dmitry Oreshkin a The Associated Press. “La Copa del mundo lleva implícita un elemento que potencia los niveles de aprobación, porque a la mayoría de la gente le gusta ver futbol. Los efectos del Mundial tendrán, aunque sea a corto plazo, un elemento de distracción sobre la sociedad respecto a la realidad postsoviética”.

Conflictos con el exterior

Es cierto que han existido anomalías durante la celebración de mundiales de futbol, por ejemplo, el de Argentina 1978 se llevó a cabo bajo un régimen dictatorial; sin embargo, nunca se había celebrado un evento en un país sancionado internacionalmente como Rusia.

Empresas rusas se han topado con dificultades para hacer negocios internacionales por las medidas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, debido a la anexión de Crimea en el 2014 y el respaldo ruso a las fuerzas separatistas en el este de Ucrania.

En marzo pasado, el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, comparó a la Copa mundial de Rusia con los Juegos Olímpicos de 1936 de la Alemania de Hitler. Ese comentario causó una gran indignación en Rusia, ya que el país combatió el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, un conflicto en el que murieron más de 12 millones de personas. Boris Johnson acusó a Rusia de participado en el envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal.

El opositor Dmitry Gudkov cuestiona la transferencia de buena imagen que podría otorgarle el Mundial de futbol a Rusia.

“Si el gobierno ruso realmente quisiera fortalecer su reputación en todo el mundo”, dijo, “no debería haberse involucrado en conflictos militares en el este de Ucrania o en  Siria, ni debería haber interferido en las elecciones presidenciales de Estados Unidos”.

Dilema diplomático

Los líderes políticos de los países occidentales que han impuesto sanciones a Rusia podrían enfrentar un dilema en caso de que a sus respectivas selecciones les vaya bien en la Copa del mundo.

Mientras que muchos líderes europeos se han mostrado reacios a visitar el Kremlin de Putin en los últimos años y que otros han ido más lejos al organizar un boicot en la Copa del mundo como, por ejemplo, los funcionarios británicos y la familia real, varios mandatarios podrían ser presionados por sus respectivos países para que asistan a palcos de los estadios en caso de que sus selecciones lleguen a semifinales y, sobre todo, a la final.

“Al votante promedio le gustaría ver a su presidente en el estadio presenciando un encuentro crucial”, dijo Alexander Baunov, analista del Centro Carnegie en Moscú. “Y esos líderes enfrentarán una decisión difícil”.

La economía

Cuando Rusia ganó el derecho de organizar la Copa del mundo en el 2010, Putin se jactó del fuerte crecimiento del PIB de Rusia: “desarrollo sostenible de 4% anual”. Sin embargo, actualmente Rusia está saliendo de una recesión causada por las sanciones y los bajos precios del petróleo. El FMI pronostica un crecimiento de sólo 1.7% durante este año.

El gobierno ruso dice que la Copa del mundo impulsará el crecimiento económico en los próximos años, aunque ese análisis es ampliamente discutido.

¿Aficionado al futbol?

El presidente ruso es un gran aficionado al hockey sobre hielo, pero no parece ser muy aficionado al futbol.

Junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha estado presente en varios eventos incluyendo por supuesto un recorrido por estadios vacíos; sin embargo, asiste a muchos menos partidos que la aficionada al futbol, Angela Merkel.

Putin vio la final de la Copa del mundo del 2014 junto al entonces presidente de Brasil y también estuvo presente en la inauguración de la Copa Confederaciones del año pasado.

La mutación de un líder

La Copa del mundo podría ayudar a Putin a aparecer como un hombre del pueblo.

“El propósito de ofrecer futbol a la gente del mundo y al pueblo ruso, sin pasar por alto a la élite, frena la oleada de mensajes conservadores o antiinmigrantes que flotan en Europa”, dijo Baunov.

En fin, la mesa está lista. Ayer inició el evento que relajará al mundo entero durante un mes. Después, sabemos que la realidad regresará. ¡El balón ya rueda!