Bagdad. El vicepresidente sunita de Irak, quien permanecía prófugo, fue condenado ayer a morir en la horca por los cargos de ser el cerebro de escuadrones de la muerte, en un juicio que ha alimentado las tensiones sectarias en el país. Como muestra de la inestabilidad, los insurgentes desataron una serie de ataques con bombas y tiroteos en todo Irak, matando al menos a 82 personas en uno de los peores días de este año.

Parece poco probable que los ataques, ocurridos en 13 ciudades, fueron programados para coincidir con el veredicto de la tarde que concluyó el caso en contra del vicepresidente Tariq al-Hashemi, un antiguo enemigo del primer ministro chiita Nuri al-Maliki. Sin embargo, en conjunto, la violencia y el veredicto podrían energizar a los insurgentes suníes, quienes están decididos a revivir la guerra civil en Irak al atacar a chiitas y debilitar al gobierno.

Al-Hashemi huyó a Turquía después de que el gobierno liderado por los chiitas lo acusara de jugar un papel en 150 atentados, asesinatos y otros ataques entre el 2005 y el 2011 -años durante los cuales el país estaba sumido en una violencia sectaria precedida por una invasión estadounidense en el 2003, que derrocó el régimen sunita de Saddam Hussein.

La mayoría de los ataques fueron cometidos presuntamente por los guardaespaldas de Al-Hashemi y otros empleados, y en gran parte estuvieron dirigidos contra funcionarios gubernamentales, las fuerzas de seguridad y peregrinos chiitas.