Bruselas.- La Unión Europea (UE) se comprometió a imponer tasas a los bancos para evitar que en el futuro las crisis financieras recaigan en el bolsillo del contribuyente, una iniciativa que trasladarán a la cumbre del G-20 de fines de junio en Toronto.

Los jefes de Estado y de gobierno de la UE, reunidos en cumbre en Bruselas, acordaron introducir "tasas sobre las entidades financieras para garantizar una carga justa" de los costos que suponen las intervenciones en entidades en apuros, según las conclusiones adoptadas.

Francia y Alemania lideraron los esfuerzos para consensuar una postura del bloque en este sentido, de cara a la próxima cita de los 20 países más desarrollados y emergentes (G-20) sobre regulación financiera que se celebrará los 26 y 27 de junio en Toronto.

Ambos países "son del todo favorables a que aquéllos que provocaron la crisis sean llamados a pasar por caja", indicó la canciller alemana, Angela Merkel.

La última reunión preparatoria del G-20, celebrada a principios de junio en Corea del Sur, no permitió despejar el camino para imponer a nivel mundial una tasa a los bancos. La iniciativa obtuvo el apoyo de Estados Unidos, pero Canadá, Brasil, Australia e India se opusieron.

Pero los europeos están convencidos de que la introducción de esa tasa es indispensable para evitar que se repitan los masivos rescates públicos que los gobiernos debieron aprobar durante la última crisis financiera mundial de 2008-2009 para atajar el riesgo de colapso del sistema bancario.

La quiebra del gigante estadounidense Lehman Brothers en septiembre de 2008 precipitó al mundo en la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial.

Los Estados europeos invirtieron alrededor del 13% del Producto Interior Bruto (PIB) en planes de rescate y garantías bancarias, que les ha dejado frente a una monumental deuda pública por la que ya debieron aprobar un fondo de 750,000 millones de euros para ayudar a cualquier país de la zona euro que lo necesite.

El pasado mayo, la Comisión Europea propuso crear una red de 27 fondos nacionales en la UE con una reglamentación común y alimentados por una tasa que abonarían estas entidades.

Los recursos serían utilizados para evitar que la quiebra de una entidad suponga un riesgo de contagio y ponga en peligro la estabilidad del sistema financiero.

Sin embargo, en ningún caso se trataría de facilitar "rescates", sino por ejemplo, de ayudar a los bancos a deshacerse de activos tóxicos o proceder a "bancarrotas ordenadas" a través de ayuda legal y administrativa, según el ejecutivo comunitario, cuya propuesta debe ser examinada por los 27.

La iniciativa perseguiría armonizar las decisiones que empezaron a tomarse a nivel nacional: Suecia ya introdujo en 2009 una tasa bancaria y Alemania estudia crear un fondo financiado por estas entidades con 1,000 millones de euros anuales.

Paralelamente, los líderes de la UE decidieron proponer en la cumbre del G-20 la creación de una tasa mundial sobre las transacciones financieras, pese a que esta idea levanta a nivel internacional más resistencia que el impuesto a los bancos.

En un documento publicado el pasado abril, la Comisión Europea evaluó en 20,000 millones de euros los ingresos potenciales que aportaría una tasa sobre las transacciones en Europa, pese a subrayar el peligro "sustancial" de deslocalización de entidades a otras regiones.