Cuando el presidente Obama llamó a los militares a cambiar su enfoque hacia Asia a principios de este año, Andrew Marshall, un futurista de 91 años, tuvo una visión de lo que se debe hacer.

La pequeña oficina de Marshall­ en el Pentágono se ha gastado las últimas dos décadas en la planificación de una guerra contra un enojado, agresivo y fuertemente armado China.

Nadie tiene la menor idea de cómo comenzaría la guerra. Pero la respuesta de Estados Unidos, desplegada en un concepto que uno de los protegidos de Marshall llamó Guerra Mar y Aire, estaba clara.

Sigilosos bombarderos estadounidenses y submarinos destruirían los radares de vigilancia de largo alcance de China y sus sistemas de misiles de precisión ubicados en el interior del país. La primera campaña de cegamiento sería seguida por un enorme asalto naval y aéreo estadounidense.

El concepto, del cual los detalles son clasificados, ha enfurecido a los militares chinos y ha sido ridiculizado por algunos oficiales del Ejército y la Marina como excesivamente caro. Algunos analistas especializados en Asia temen que los ataques convencionales contra China podrían provocar una guerra nuclear.

La Guerra Mar y Aire atrajo poca atención cuando las tropas estadounidenses combatían en Irak y Afganistán. Ahora, la década de combatir a las insurgencias está por terminar, los presupuestos de defensa son recortados y los altos oficiales militares, quienes recibieron la orden de voltear hacia Asia, buscan a la oficina de Marshall para recibir ideas.

En los últimos meses, la Fuerza Aérea y la Marina han llegado con más de 200 iniciativas. La lista surgió, en parte, de los juegos de guerra llevados a cabo por la oficina de Marshall e incluye nuevas armas y propuestas para profundizar la cooperación entre la Armada y la Fuerza Aérea.

Marshall, un otrora estratega nuclear, ha pasado los últimos 40 años liderando la Oficina de Evaluación Neta del Pentágono en busca de posibles amenazas al dominio estadounidense. En el proceso ha construido una red de aliados en el Congreso, en la industria de defensa, en los think thanks y en el Pentágono.

Mientras que los partidarios de Marshall alaban su oficina como un lugar donde los funcionarios miran a largo plazo, los críticos ven una tendencia peligrosa hacia el alarmismo que exagera la amenaza China para impulsar el gasto en defensa.