Nadie esperaba que la campaña del 2012 fuera positiva o edificante. Los problemas del país son demasiado graves y las líneas de batalla entre republicanos y demócratas se han endurecido en casi cuatro años de conflicto entre la Casa Blanca y el Congreso.

Pero lo más llamativo de la campaña en este momento no sólo es la negatividad o la gran cantidad de anuncios beligerantes que les llueven a los votantes en los estados indecisos. Es el sentimiento de que todas las restricciones se han ido.

El nombramiento del representante por Wisconsin, Paul Ryan, como compañero de fórmula de Mitt Romney parecía una oportunidad para que ambos lados hicieran una pausa y se recompusieran. En cambio, esta semana ha producido la más dura retórica de la campaña.

El vicepresidente Biden desencadenó el último round el martes con líneas que, de haber sido pronunciadas por un republicano, habrían desatado una tormenta aún mayor. Biden comentó a una audiencia en Virginia que Romney quitaría las cadenas a los grandes bancos si fuese elegido Presidente, y luego agregó: Ellos los encadenarán de nuevo a ustedes .

En cuestión de horas, Romney respondió, aseguró que la enojada y desesperada campaña de Obama había traído la falta de respeto a la oficina de la Presidencia. Agregó: Señor Presidente, lleve su campaña de división e ira de vuelta a Chicago y déjenos entrar al tema de la reconstrucción y reunificación de Estados Unidos .

Eso provocó una respuesta incendiaria por parte de la campaña de Obama. El portavoz Ben LaBolt afirmó que los comentarios de Romney parecían desquiciados .

Tanto Romney como Obama hablan de que esta elección es acerca de decisiones importantes. Eso es cierto, teniendo en cuenta las cosmovisiones opuestas de los candidatos. Pero el miedo y la ira motivan a los activistas de cada lado. Los partidarios de ambos lados imaginan que pasará lo peor si el lado contrario gana.