Carbis Bay, Reino Unido. La cumbre del G-7 en Cornualles iba a ser una especie de celebración por la ausencia de Donald Trump y su America first, sin embargo, los seis invitados por el anfitrión, el primer ministro británico Boris Johnson, se han topado con una sorpresa, la de “Gran Bretaña primero”.

El entrono de la reunión no podía escapar por la amenaza del premier británico a la Unión Europea de no cumplir con lo establecido en el acuerdo de divorcio del Brexit.

Johnson no desea colocar una frontera aduanera en Irlanda del Norte, lo que evitaría la reactivación de problemas sociales y políticos en esa región. “No se dan cuenta que Reino Unido es un solo país”, comentó el primer ministro.

Su objetivo es promover la idea de la “Gran Bretaña Global”, y para ello no desea la sombra del Brexit.

Fuentes de Downing Street aseguran que el sábado Boris Johnson se encontraba furioso ante la amenaza que le hiciera el presidente francés Emmanuel Macron. Le advirtió que, si no cumple lo pactado, la relación bilateral no podrá ser reseteada. Sus palabras le indigestaron el desayuno a Johnson.

Contenido del acuerdo

El G-7 prometió aportar "más de 1,000 millones de dosis" de vacunas contra el Covid-19 de aquí al fin de 2022, según Boris Johnson, ya sea directamente regaladas (870 millones de dosis) o por financiamiento. Esto llevará su compromiso total desde el inicio de la pandemia a 2,000 millones de dosis.

Los dirigentes pidieron además una investigación más avanzada de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el origen del Covid-19 en China.

En el futuro, el objetivo es poder desarrollar pruebas, tratamientos y vacunas en menos de 100 días, frente a 300 días en el caso de la pandemia de coronavirus.

Acelerar sobre el clima

Las grandes potencias quieren presionar para avanzar, sin dar sin embargo objetivos precisos.

Apoyan la idea de una "revolución verde" creadora de empleos, que permitiría limitar el calentamiento a 1.5 grados, umbral más allá del cual los científicos consideran que el cambio climático será incontrolable.

Los siete se comprometen a convertirse en neutros en carbono a más tardar en 2050 y a reducir en 50% sus emisiones de CO2 de aquí a 2030, con relación a 2010.

Se pronuncian por el cese de los financiamientos de proyectos carboníferos para producir electricidad que no utilicen tecnologías de captación y almacenamiento de CO2, con el fin de reducir sus emisiones.

Y quieren ir más rápido en la prohibición de los nuevos vehículos diésel y de gasolina, y en la transición hacia los vehículos eléctricos.

China y Rusia

El G-7 pidió a China "respetar los derechos humanos" de la minoría musulmana de los uigures en la región del Xinjiang y en Hong Kong, al mismo tiempo que espera cooperar con China cuando "sea de interés mutuo".

El presidente estadounidense Joe Biden y su homólogo francés Emmanuel Macron precisaron tras el fin de la cumbre que el G-7 no está en "conflicto" con China.

El G-7 llama a Rusia "a cesar sus actividades desestabilizadoras", inclusive las interferencias, respetar los derechos humanos y "pedir cuentas" a los responsables de ciberataques desde su territorio.

En las conclusiones, los siete describieron los ataques cibernéticos y la delincuencia digital como una “amenaza urgente y cada vez más grave que nos obliga a identificar, neutralizar y llevar a la justicia” a sus responsables.

Fuentes cercanas al evento comentan que las diferencias desaparecieron cuando abordaron el tema de China. Fue el estadounidense Joe Biden quien no quitó el dedo del renglón. “Estamos en conflicto con todos los gobiernos autocráticos”, indicó el estadounidense.

Así concluyó la cumbre del G-7, una agenda ambiciosa, pero urgente. Y en el entorno, los efectos del Brexit.

La hora del té

Por otra parte, la reina Isabel II, de 95 años, recibió el día de ayer en el Castillo de Windsor al presidente Biden, después de que este participase en la cumbre del G-7.

La monarca, con un vestido de flores y un sombrero rosa, acogió al mandatario y a la primera dama, Jill Biden, en el enorme patio central de este castillo casi milenario situado a unos 50 km al oeste de Londres.

Bajo un sol radiante, el presidente, de 78 años, fue recibido por una guardia de honor del batallón de brigadieres reales, que ataviados con sus altos gorros negros de pelo de oso, formaron sobre el césped impecable mientras la banda tocaba marchas militares estadounidenses. Después, los tres entraron en el castillo para tomar el té y conversar durante unos 40 minutos.