El hombre de 31 años buscado por la policía había pensado que una cuestión de números sería suficiente para permitirle desvanecerse en el anon imato.

La población de China consta de unos asombrosos 1,40 0 millones de personas. Más de 45 millones de ellos viven en la provincia de Jiangxi en el sudeste de China, y 5 millones de esas personas se concentran en Nanchang, la c apital de la provincia.

La noche del pasado 7 de abril, casi 60,000 personas, aproximadamente 1% de la población de la ciudad, se habían reunido en el Centro Deportivo Internacional de Nanchang para asistir a un concierto de Jacky Cheung, un famoso cantante de Hong Kong.

¿Quién podría localizar a una sola persona en semejante multitud?

Allí, en medio de un mar de caras, con la atención presumiblemente vuelta al escenario, el fugitivo asumió que estaba a salvo de las autoridades. Pero fue en medio de una canción electrónica sobre el romance veraniego cuando un par de policías comenzaron a descender por los pasillos, llegaron a la fila que estaban buscando y aprehendieron al sospechoso.

El hombre, identificado sólo por su apellido Ao, era buscado por delitos económicos, según Kan Kan News. Los detalles sobre Ao habían estado en una base de datos nacional, y cuando llegó al estadio, cámaras en las entradas con tecnología de reconocimiento facial lo habían identificado e informaron a las autoridades, indicó el sitio de noticias.

La improbable captura de Ao se convirtió en el último ejemplo del creciente uso de la tecnología de reconocimiento facial en China, un sector que el Partido Comunista considera estratégico.

En la actualidad, Shanghai tiene un sistema de reconocimiento para multar conductores que violan las leyes de tráfico, se usa para buscar niños perdidos y en Qingdao se detuvieron unas personas buscadas por la policía en el Festival Internacional de la Cerveza.

Preocupación

Detrás de los anteojos —con una estética parecida a las que lanzó Google— que utiliza la policía china, se esconde una compleja tecnología que toma imágenes, registra los rostros de las personas y se conecta con tabletas que almacenan una megabase de datos interna, buscando posibles sospechosos. Los lentes cuentan con una cámara en su ojo derecho y al lado, una lente ocular donde aparece la información obtenida.

Si se logra un empalme de datos, al instante el policía recibe un informe detallado de la persona, que entre otras cosas incluye su nombre y dirección domiciliaria. También se sabrá si tiene cuentas pendientes con la justicia, el hotel en el que se hospeda (si fuera el caso) e información extraída de su uso de Internet.

A pesar de la notable utilidad de estos productos, hay muchos críticos que lo ven como un paso más del Estado hacia el dominio total de su pueblo, ya que esta tecnología podría ser utilizada para perseguir opositores políticos.

Human Rights Watch tiene una página dedicada a la vigilancia masiva y al uso de big data en China.

Maya Wang, investigadora principal del grupo, dijo en febrero que China estaba agregando datos sobre sus ciudadanos para construir programas policiales en Xinjiang y utilizar la información para atacar a las minorías étnicas en la provincia occidental de China.

En la región de Xinjiang, hogar de la minoría musulmana uighur, se han creado bases de datos biométricos (huellas dactilares, escaneo del iris) e incluso de ADN, según denuncia la organización.

El periódico South China Morning Post publicó que Pekín está armando un sistema de reconocimiento facial para identificar a cualquiera de los casi 1,400 millones de chinos en solamente tres segundos y con una precisión de 90%, algo que se acercaría un control de la población casi total.