Charleston. El teléfono de Chris Allen empezó a sonar al difundirse la noticia de que ataques invisibles en Cuba habían afectado a un empleado del gobierno estadounidense en el Hotel Capri de La Habana. Tiempo antes, Allen, de 37 años, había relatado a sus amigos y familiares una historia similar.

El turista de Carolina del Sur había interrumpido su viaje a Cuba dos años antes cuando sufrió una brusca pérdida de sensibilidad de sus cuatro extremidades minutos después de ir a la cama en el mismo hotel donde se alojaban los empleados de Washington. Allen se sumó a una lista creciente de estadounidenses que se hacen la misma pregunta y para la cual no hay respuesta: ¿también nosotros fuimos víctimas?

Tal vez la inexplicable enfermedad de Allen, que desconcertó a media docena de neurólogos en Estados Unidos, no tiene relación con la que ha afectado al menos a 22 diplomáticos y sus cónyuges durante el año pasado.

A falta de respuestas, Estados Unidos y Cuba no han podido impedir que los ataques generen una crisis incontrolable. Ante las advertencias del gobierno, hay señales de que los estudiantes en vacaciones de Pascuas, los amantes del turismo de aventura y los jubilados están pensando en cancelar sus viajes a la isla.

Associated Press (AP) estudió más de 30 páginas de historias clínicas, archivos de agencia de turismo y correos electrónicos, algunos enviados desde La Habana. Relatan la historia de un turista estadounidense que sufrió una enfermedad desconcertante en la capital cubana, partió bruscamente y gastó miles de dólares a lo largo de meses para combatir sus síntomas recurrentes.

AP supo que un agente del FBI enviado a Cuba este año escuchó un sonido inexplicable en su hotel y, asustado, se sometió a exámenes para saber si era la víctima más reciente de lo que algunos llaman ataques sónicos. Si el agente fue afectado o no, es algo que se discute.