Washington. Hace mucho tiempo, el presidente Trump decidió que sería inteligente acercarse al gobierno de Israel y tratar de catalogar al Partido Demócrata como antisemita.

Trump diseñó una lista de actividades que agradarían a Israel: trasladar la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén, reconocer los Altos del Golán como parte de Israel y tomar una línea dura contra Irán.

Sin embargo, Trump se ha ido desilusionando de los judíos estadounidenses, pues no todos apoyan su reelección.

“Si vota por un demócrata, será muy, muy desleal con Israel y con el pueblo judío”, dijo Trump el miércoles en el área de la Casa Blanca conocida como South Lawn.

El uso de la palabra “deslealtad” por parte de Trump provocó críticas inmediatas de los grupos judíos, cuyos líderes dijeron que el presidente hizo eco de códigos antisemitas respecto al origen de la lealtad de los judíos estadounidenses. El presidente insistió en que sus comentarios no fueron antisemitas.

“En realidad, lo que más nos importa son los valores que el presidente está tirando a la basura. Nos preocupamos por la igualdad y la justicia, y aceptamos la noción de que ésta es una nación de inmigrantes y de oportunidades para todos”, dijo Jeremy Ben-Ami, presidente de J Street, un grupo liberal de defensa pro-Israel.

Con miras a su reelección del 2020, Trump empuja a Israel hacia una guerra cultural similar a la que él libra desde la Presidencia.

Él intenta que Israel lo apoye en los temas de inmigración y armas, y que clasifiquen a los demócratas como antisemitas.

Cínico

Daniel Shapiro, quien se desempeñó como embajador de Estados Unidos en Israel con el expresidente Barack Obama, dijo que la expectativa de Trump de que el pueblo judío vote por él es “asombrosamente cínica”.

“En su típico estilo bufón, él piensa que, al (empujar) temas que le agradan al primer ministro israelí, los judíos estadounidenses harán fila para votar por él”, dijo. “Todo está diseñado por su narcisismo y por su naturaleza transaccional”.