Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, endureció el día de ayer 20 de octubre, su ofensiva contra la integridad de su rival demócrata, Joe Biden, a dos días del decisivo debate final televisado entre ambos antes de las elecciones del 3 de noviembre.

Trump, rezagado en las encuestas y temeroso de ser un presidente de un solo mandato, tiene un tono más agresivo que nunca.

¿Su ángulo de ataque? Los negocios del hijo de Biden, Hunter Biden, en Ucrania y China, cuando su padre era vicepresidente de Barack Obama (2009-2017).

“Este es un caso de corrupción importante”, dijo Trump ayer 20 de octubre, a Fox News, afirmando que el fiscal general, Bill Barr, debería iniciar rápidamente una investigación.

“Esto tiene que saberse antes de las elecciones”, apuntó el presidente republicano, quien ha estado insistiendo desde hace varias semanas, sin pruebas concretas que lo sustenten, que la familia Biden es una “empresa criminal”.

En este contexto, el último debate entre los dos candidatos septuagenarios, que tendrá lugar el jueves en Nashville, Tennessee, promete ser tenso, después de un primer cara a cara particularmente caótico plagado de interrupciones y golpes bajos.

Para evitar las interrupciones del primer duelo televisado, el órgano que organiza los debates decidió silenciar los micrófonos de los dos candidatos cuando no tengan la palabra.

“Es deseo de la comisión que los candidatos sean respetuosos con sus respectivos tiempos de intervención, lo que hará avanzar el debate público en beneficio de los espectadores”, dijo.

Trump dijo que participará igual, pero insistió en que “es injusto”.

¿Cambiará su estrategia desde el primer debate, durante el cual interrumpió permanentemente a su rival demócrata?.

Outsider, ¿otra vez?

“Estoy luchando contra el Partido Demócrata, contra los medios de Noticias Falsas (...) y ahora contra los gigantes de la tecnología”, puntualizó Trump.

Preguntado por la acumulación de encuestas desfavorables, Trump se mostró confiado, destacando su capacidad para movilizar grandes multitudes.

“Creo que estamos en una muy buena posición”, dijo, horas antes de volar al estado clave de Pensilvania.

Por su parte, Joe Biden volvió a quedarse en casa por segundo día consecutivo en lugar de hacer campaña dos semanas antes de las elecciones, probablemente para prepararse para el debate final con el presidente Donald Trump esta semana.

La estrategia de campaña de Biden, de eventos discretos con pequeñas audiencias que usan máscaras y mantienen a rajatable la distancia física, mezcladas con días sin actividad pública, marcan un fuerte contraste con el ritmo frenético del presidente republicano.