Washington. Para los aliados militares de los Estados Unidos en la OTAN, tener un buen día ocurre cuando el presidente Trump olvida que existen. Los malos días ocurren cuando él plantea dudas sobre el futuro de la OTAN, la califica de “tan mala como el TLCAN” y menciona la posibilidad de una tercera guerra mundial.

Lo que ocurrió el pasado martes también entraría en la categoría de los malos días. Una vez más, Trump demostró que o bien no entiende a la OTAN o al menos ignora todo lo que sabe sobre ella.

Durante una conferencia de prensa conjunta con el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, Trump dijo: “También tengo la intención de designar a Brasil como un importante aliado no perteneciente a la OTAN, o incluso (...) un aliado de la OTAN. Tengo que hablar con mucha gente, pero tal vez se convierta en un aliado de la OTAN”.

Esto último podría ser una sugerencia interesante y factible siempre y cuando Brasil estuviera ubicado en algún lugar entre Grecia y Reino Unido. La OTAN representa la Organización del Tratado del Atlántico Norte y es una alianza entre Europa y América del Norte.

¿Qué tendría que hacer?

Para sumar a Brasil, Trump no sólo tendría que “hablar con mucha gente”, sino que también tendría que lograr que todos los estados miembro de la OTAN acepten cambiar el artículo 10 del tratado fundacional de 1949, que establece que sólo los países europeos pueden unirse a la alianza, además de Canadá y EU.

Para ser justos, hay quien ha sugerido que podría ser el momento de modificar esa parte del tratado y abrir la alianza a nuevos miembros como Australia, Japón y Nueva Zelanda. Hace más de una década, James M. Goldgeier, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores, escribió que agregar nuevos países de fuera de Europa podría ser beneficioso, “especialmente en un momento en que los europeos tienen problemas para cumplir sus propios compromisos de defensa”.