Israel empezó la evacuación de Amona, una emblemática colonia en Cisjordania, pero anunció paralelamente la construcción de nuevas viviendas en este territorio palestino ocupado, en la cuarta medida de este tipo tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

El desmantelamiento, ordenado por un tribunal, podría romper la delicada coalición del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, dominada por ultranacionalistas partidarios de los asentamientos.

Desde la investidura del nuevo presidente estadounidense el 20 de enero, Israel anunció la construcción de más de 6,000 viviendas en Cisjordania y Jerusalén Este, ocupadas y anexada, respectivamente.

Los asentamientos anunciados parecen ser una concesión adicional a los partidarios de la colonización, coincidiendo con el inicio de la evacuación de Amona, una colonia objeto de un álgido debate en Israel.

Policías desarmados, vestidos con camisetas azules y gorras de béisbol negras, subieron la colina donde se encuentran las viviendas a mediodía del miércoles. En la cima, los colonos más jóvenes levantaron barricadas improvisadas con baldosas rotas, barrotes de metal oxidado y rocas para ralentizar su avance. Algunos manifestantes arrojaron piedras a las fuerzas de seguridad mientras que otros prendieron fuego a llantas y botes de basura. Centenares de policías se enfrentaron, primero con moderación y al final a golpes, con los 200 a 300 habitantes de este asentamiento y otros centenares de jóvenes que vinieron a resistir en signo de solidaridad.

Amona es el campamento más grande, de unos 100 en total, que se ha levantado en Cisjordania sin permiso. Generalmente, estos asentamientos han sido tolerados por el gobierno israelí.

La Corte Suprema de Israel determinó en el 2014 que Amona se construyó en terrenos privados palestinos y debía ser demolido. El próximo 8 de febrero vence el plazo dado para el desmantelamiento.