Mosul. Como decenas de habitantes del oeste de la ciudad iraquí de Mosul, la exdirectora de banca Um Mohamed hace cola bajo un calor sofocante para recibir ayuda humanitaria. Este año el ramadán tiene un gusto especialmente amargo para ella.

Nuestras casas y coches quedaron destruidos y nuestra familia, separada , dice llorando. ¿Por qué tenemos que esperar aquí, en esta larga fila, para recibir ayuda?

El grupo Estado Islámico (EI) se apoderó en 2014 de Mosul, a cuyos habitantes impuso la sharía (ley islámica) y un régimen de terror.

Las condiciones de vida se han deteriorado todavía más desde el lanzamiento en octubre de una ofensiva de las fuerzas iraquíes, que reconquistaron el este de Mosul y una gran parte del oeste.

Los yihadistas suelen usar a los civiles como escudos humanos por lo que acaban atrapados entre dos fuegos y con penuria de víveres, agua y electricidad.

Um Mohamed, de 38 años, duda unos segundos y acaba sacando de su bolso unos documentos. Muestra una tarjeta de visita de los tiempos en los que era directora de un banco que no quiere mencionar por miedo a represalias a sus familiares residentes en barrios en poder del EI.

Teníamos una vida de ensueño y caímos a lo más bajo , lamenta esta madre de dos hijos. Rompo el ayuno con lo que encuentro. A veces incluso hay arena o gusanos en el agua que bebemos .

Entre los escombros de los edificios y de los coches calcinados, espera su turno al lado de unos niños, mujeres y ancianos.

Muchos se tapan la cabeza con toallas o pedazos de tela para protegerse del sol.

Ayer, más de 100 terroristas lanzaron un contraataque en Mosul, matando a seis policías y tres civiles en enfrentamientos.