Berlín. Alemania se debate entre la conveniencia o no de seguir albergando y transportando armas nucleares de Estados Unidos (EU) en su territorio, una cuestión que ha causado revuelo dentro del gobierno de Angela Merkel.

Fue uno de los dos presidentes del Partido Socialdemócrata (SPD), socio de gobierno de los conservadores de la canciller, quien levantó la liebre.

“Defiendo una posición clara contra el estacionamiento, la puesta a disposición y, por supuesto, el uso de armas nucleares”, declaró Norbert Walter-Borjans en el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung en la edición del día de ayer.

Otro responsable socialdemócrata, Rolf Mützenich, presidente del grupo parlamentario, consideró que “las armas nucleares en suelo alemán no refuerzan nuestra seguridad, más bien, al contrario”.

“Es el momento de que Alemania descarte continuar albergándolas en el futuro”, agregó en el diario Tagesspiegel.

Tras una serie de desastres electorales, el partido socialdemócrata optó el año pasado por un viraje a la izquierda y eligió a una dirección en consecuencia.

Ahora, espera convencer al ala más izquierdista del electorado alemán, defendiendo una línea pacifista y antinuclear, y remontar en los sondeos, que en la actualidad no le atribuyen más que  16% en intención de voto, frente a 38% acreditado a los conservadores.

La ofensiva se centra en el proyecto de renovación de la flota alemana de aviones de caza Tornado, que pronto quedará obsoleta, y que tiene por misión el transporte de bombas nucleares estadounidenses en el marco de la fuerza de disuasión de la OTAN en Europa.

El copresidente del SPD declaró que se oponía a “la compra de cazas de sustitución encargados de transportar bombas nucleares”, lo que significaría una ruptura radical de la política de seguridad alemana, que descansa bajo el paraguas nuclear estadounidense.

Para remplazar a los Tornado, la ministra de Defensa, la conservadora Annegret Kramp-Karrenbauer, prevé comprar 45 F-18 estadounidenses destinados al transporte de las armas nucleares estadounidenses, además de 93 Eurofighters, no diseñados para esa misión.

“Nirvana”

Entre los conservadores de Angela Merkel, la idea lanzada por los socialdemócratas causó indignación. “El SPD evoluciona en pleno Nirvana en materia de política de seguridad”, declaró uno de sus diputados, Patrick Sensburg, en el diario Handelsblatt.

Según él, los socialdemócratas olvidan “que las armas nucleares estadounidenses sirven, en primer lugar, para nuestra protección” y, si continúan por la misma vía, “nuestros socios internacionales dudarán de la capacidad de Alemania de cumplir con su papel en el futuro, dentro del esquema de seguridad transatlántica”.

La presencia de bombas nucleares estadounidenses en Europa ha generado discordia desde hace tiempo entre los alemanes, sobre todo durante la crisis de los euromisiles de los años 1980 en Europa, en el contexto de la Guerra Fría.

Cientos de miles de alemanes se manifestaron en aquel momento en contra del despliegue de misiles Pershing II por parte de la OTAN, frente a los nuevos misiles SS-20 de la Unión Soviética en el este.

Ese periodo moldeó la mentalidad pacifista de gran parte de la opinión alemana y durante mucho tiempo tuvo su principal defensor político en los Verdes.

Sin embargo, ese partido ha adoptado posiciones más centristas en temas de seguridad en los últimos años, a medida que ha ido avanzando en los sondeos y perfilándose como posible socio de los conservadores en un futuro gobierno.

Los socialdemócratas intentan reformular su estrategia electoral a través del tema nuclear.