De cara a la examinación de un proyecto de ley para autorizar las extradiciones a la China continental, promovida por ese gobierno, cientos de manifestantes empezaron el martes por la noche una vigilia nocturna en las afueras del Parlamento de Hong Kong.

Alrededor de 2,000 personas, en su mayoría jóvenes, aparecieron inesperadamente antes de media noche en los alrededores del recinto, mientras se incrementaba la presencia de la policía, equipada con material antidisturbios.

El domingo se produjo en Hong Kong la mayor protesta desde que la excolonia británica pasó a manos de China en 1997.

Según los organizadores, más de 1 millón de personas desafiaron el calor sofocante para salir a las calles y pedir al ejecutivo hongkonés que renuncie a su proyecto de ley.

El texto ha provocado las críticas de los países occidentales y las protestas de los hongkoneses, que temen caer en manos de un sistema de justicia chino opaco y politizado, y creen que esta reforma perjudicará la imagen internacional y el atractivo de la ciudad semiautónoma.

Sin embargo, la magnitud de la manifestación no disuadió a Carrie Lam, jefa ejecutiva de Hong Kong, quien reiteró el lunes que el Consejo Legislativo —el Parlamento, dominado por fuerzas leales a Pekín— examinaría el texto este miércoles, tal y como estaba previsto.

Libertad en vilo

En virtud del acuerdo de 1984 entre Londres y Pekín, que presidió su traspaso en 1997, Hong Kong disfruta de una semiautonomía y unas libertades que no existen en la China continental, en teoría, hasta el 2047.

Sin embargo, la antigua colonia británica ha sido escenario de considerables disturbios políticos durante la última década, más o menos por la preocupación que suscita la creciente interferencia de Pekín en sus asuntos internos y por la percepción de que el acuerdo de cesión y el famoso principio de un país, dos sistemas ya no se respetan.